Por Alejandro Aroca Dajil*
En este convulsionado mundo geopolítico, pocas piezas tienen tanto peso estratégico como el estrecho de Ormuz. Este estrecho, que conecta el Golfo Pérsico con el resto del mundo, permite el paso de más del 20% del petróleo mundial y cerca del 25% del gas natural licuado (GNL) que se consume en todo el planeta.
En las últimas semanas, las tensiones entre Irán, Israel y Estados Unidos han revivido un viejo fantasma, el cierre de esa autopista energética global.
Muchos pensarán que ese es un problema lejano. Pero si Irán cierra el paso por Ormuz, el impacto será inmediato en todo el planeta y Colombia no será la excepción.
Como país productor de crudo, Colombia podría recibir inicialmente un “respiro fiscal”, ya que según los expertos, los precios internacionales del petróleo se dispararían a casi USD$150= por barril, mejorando el balance comercial y aumentando los ingresos por regalías.
Colombia es productor y exportador de petróleo (alrededor de 715.000= barriles diarios), por lo que, aumentarían los ingresos por exportaciones, mejoraria el balance comercial y fiscal, por lo menos al corto plazo y el recaudo por regalías subiría, beneficiando especialmente a departamentos y municipios productores.
Sin embargo, no debemos dejarnos distraer por este espejismo de bonanza, el golpe al bolsillo de los colombianos vendría por el alza en la gasolina, diesel, gas natural, electricidad, el transporte y el encarecimiento de fertilizantes e insumos importados, presionando al alza de los precios de los alimentos.
En otras palabras, el impacto en el costo de vida sería inevitable y regresivo.
"El gas natural: un riesgo oculto"
Un aspecto poco comentado, pero crítico, es la vulnerabilidad del mercado global del Gas Natural Licuado (GNL). Países como Qatar, uno de los mayores exportadores mundiales (cerca del 20% de la oferta mundial), dependen del estrecho de Ormuz para enviar su producción a Europa, Asia y América.
Si el flujo se interrumpe, los precios del gas podrían multiplicarse en cuestión de días.
Colombia, aunque produce Gas Natural, se encuentra en deficit de producción nacional debido a la falta de exploración para nuevos yacimientos y ya depende de importaciones vía GNL para garantizar el abastecimiento en temporadas de alta demanda, lo cual forzaría un alza adicional cercana a un 25%, en las tarifas de gas natural.
Y en la Región Caribe, donde la mayor parte de su generación eléctrica es con térmicas como Tebsa, Termocandelaria y Termoflores, estas usan gas como combustible. Si el GNL importado se vuelve más costoso o escaso, las tarifas eléctricas en la región Caribe podrían subir en un poco más de un 30%, afectando a los usuarios residenciales, empresariales e industriales.
Los sectores populares y medios, ya tensionados por los vaivenes tarifarios en energía, serían los primeros en sentir las consecuencias. ¿Puede el Gobierno seguir subsidiando la gasolina y el diesel, si los precios del petróleo superan los 150 dólares por barril? ¿Cómo se contendrá la inflación si se encarece el gas natural, la electricidad, los fertilizantes e insumos importados y el transporte de los alimentos a lo largo del país? ¿Estamos preparados para esa tormenta?
Desde el Frente Amplio de Usuarios de Servicios Públicos, hacemos un llamado a la preparación y la sensatez. Colombia debe anticiparse con medidas de mitigación: asegurar inventarios estratégicos de combustibles, fortalecer la generación renovable, y sobre todo, proteger a los usuarios más vulnerables de los efectos de una crisis energética global que no provocamos, pero lo que pase en el Golfo Pérsico se sentirá en Valledupar, en Barranquilla y en todo Colombia. Por eso, ante el cierre del estrecho de Ormuz, Colombia no debe quedarse como espectadora. Debe actuar con inteligencia, prevención y compromiso social.
* Ingeniero Eléctrico de la U. de Los Andes. Miembro de Uniandino, IEEE, TED, SCI & ACIEM