Valledupar.
En la mañana de este jueves 3 de septiembre aterrizó en el Aeropuerto Alfonso López un Hércules de la Policía Nacional con un cargamento que Valledupar ya conoce de memoria: personas privadas de la libertad catalogadas de alta peligrosidad. Eran 11 internos traídos desde cárceles de Barranquilla —la cobertura local señala la Cárcel Modelo— para cumplir condena en la Penitenciaría de Alta y Mediana Seguridad, La Tramacúa.
Del avión al penal el convoy no dejó margen. INPEC, Policía Nacional y Ejército cubrieron el trayecto con el mismo esquema que se usa cuando el Estado no quiere sorpresas en la vía a La Mesa: reseñas, custodia cerrada y silencio oficial. El director del establecimiento, Carlos Molina, confirmó el ingreso. Lo que no confirmó nadie es el nombre de alguno de los once.
Las autoridades competentes no han entregado el perfil penitenciario ni los delitos. Radio Guatapurí y otros medios registraron el operativo y la conclusión es la mismo: identidades en reserva. En agosto ya habían llegado otros contingentes de alto perfil y el alcalde pidió consejo de seguridad. Este jueves el patrón se repite: llegan, entran y la ciudad se entera después.
Once hombres cruzaron el Cesar sin rostro público. La Tramacúa vuelve a ser el destino de quienes el sistema penitenciario considera demasiado peligrosos para Barranquilla. Hasta que el INPEC o la dirección del penal publiquen la lista, Valledupar solo tiene el dato duro: ya están adentro.