Hay eventos que transforman ciudades. Y hay eventos que transforman personas. Los Juegos Parasuramericanos Valledupar 2026 prometen ser las dos cosas al mismo tiempo. Del 5 al 16 de julio próximo, la capital del Cesar recibirá a 1.103 deportistas paralímpicos provenientes de 12 países de América del Sur, todos con una historia de superación a cuestas y una meta concreta: clasificar a los Juegos Parapanamericanos de Lima 2027 y, desde ahí, apuntar a Los Ángeles 2028.
Detrás de esta hazaña organizativa está Elmer Jiménez, el mismo hombre que ya le ganó la batalla a lo imposible cuando trajo los Juegos Bolivarianos a Valledupar, y que hoy le apuesta a otro hito: convertir a la ciudad en la capital de la inclusión deportiva de Colombia.
La génesis de esta historia tiene algo de película. El 15 de julio de 2022, en una cafetería de Valledupar, en medio del calor propio de los Bolivarianos, un grupo de actores del deporte paralímpico colombiano le hizo a Jiménez una pregunta casual: ¿y ahora qué viene? La respuesta brotó con la misma naturalidad con que cae la lluvia en la sabana. Un año y medio después, el 15 de noviembre de 2023, Valledupar ganó en Santiago de Chile la sede de los segundos Juegos Parasuramericanos de la historia, superando a otras dos ciudades que también levantaban la mano.
“Sólo quien tiene un familiar en condiciones especiales, sabe lo duro de la lucha”
Pero detrás de esa tranquilidad hay una historia más íntima y poderosa: Harold, el hermano de Elmer, quien lleva 53 años viviendo con una discapacidad producto de un accidente de tránsito en Valledupar.
"Harold se volvió el referente, la persona especial. Crecí prácticamente viéndolo salir adelante en medio de tanta dificultad. Después de eso conocemos el deporte paralímpico y es imposible dejar de relacionar su situación con la de los deportistas con discapacidad. Verlos competir, verlos lograr medallas, romper récords... se fue convirtiendo en nosotros en un modelo, en un ejemplo."
— Elmer Jiménez, director de los Juegos Parasuramericanos Valledupar 2026
Lo que viene en julio no es un evento cualquiera. Son 3.500 personas —deportistas, técnicos, jueces, delegaciones— que ocuparán Valledupar durante 35 a 40 días, generando 16.000 noches de hotel, 36.000 almuerzos y cenas, y un movimiento económico que dinamizará el transporte, la gastronomía y el turismo local.
Las 13 disciplinas —entre ellas tenis en silla de rueda, fútbol para ciegos, baloncesto en silla de rueda, natación, atletismo, para badminton y para powerlifting— se disputarán en 11 escenarios distribuidos en seis clústeres, incluyendo a Codazzi como subsede. Todos los escenarios serán accesibles por primera vez en la historia de la ciudad, gracias a una inversión de 14.000 millones de pesos de la Gobernación del Cesar en rampas, plataformas, señalética adaptada y unidades sanitarias inclusivas. Un detalle que habla de lo que se estaba haciendo mal antes: los escenarios construidos para los Bolivarianos nunca contemplaron el componente de accesibilidad.
"Valledupar ganó con los bolivarianos y va a ganar con los parasuramericanos, porque todos los 11 escenarios que se van a utilizar serán escenarios inclusivos. Lo cual no pasaba antes de estos juegos."
— Elmer Jiménez, director de los Juegos Parasuramericanos Valledupar 2026
El camino no ha sido fácil. Jiménez lo describe con una imagen que dice todo: una hidra. Uno resuelve un problema y aparecen dos más. El alojamiento ha sido la mayor batalla: de 43 hoteles revisados, solo 22 cumplieron los estándares de adaptabilidad requeridos para atletas en silla de ruedas. Algunos establecimientos llegaron a cobrar tarifas de 600.000 pesos por noche —cifras de Festival Vallenato— antes de entender que este es un evento de alto impacto social, no una feria de especulación.
El transporte también exigió creatividad: se invertirán 2.300 millones de pesos y se usarán, por primera vez en la historia del deporte paralímpico mundial, buses del sistema de transporte urbano SIVA, los únicos en la ciudad con rampas para sillas de rueda. Una innovación que nació de la necesidad y que podría convertirse en modelo para futuros eventos del ciclo paralímpico.
El legado: una ciudad inclusiva
El legado que dejarán estos juegos no se medirá solo en infraestructura ni en titulares internacionales, aunque habrá de ambos. Se medirá en conciencias transformadas. Valledupar tiene cerca de 12.000 habitantes con algún tipo de discapacidad. Muchos de ellos, después de julio, tendrán escenarios accesibles donde practicar deporte por primera vez. La ciudad formará personal cualificado en eventos paralímpicos —hoy el equipo organizador de 68 personas tuvo que nutrirse de profesionales de Cali, Bogotá, Barranquilla y Medellín por la falta de talento local en este campo—. Y tendrá a Tobalito, el personaje oficial de los juegos: un árbol de cañahuate que florece en pleno verano, símbolo perfecto de quienes, desde la adversidad más profunda, logran convertirse en campeones. El lema lo resume todo: "La leyenda continúa". Y en Valledupar, después de julio, nadie podrá decir que no la vivió.