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Política

Un acuerdo sobre lo fundamental

Por Santiago José Castro Agudelo

Por
Andres Molina
Wednesday, November 19, 2025 5:17 PM
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A seis meses de la primera vuelta para elegir Presidente de la República, son muchos los candidatos y muy poco el debate. Algunos partidos hacen foros sobre diferentes temas, pero basta con pasar algunos minutos para evidenciar que al orador le prestan atención sus más fervientes seguidores y poco más. Quieren tomarse la foto, estar ahí para que “los tengan en cuenta” en caso de un triunfo, o sencillamente no había un mejor plan ese día. Las cosas como son. El único que logró marcar una diferencia, a pesar de todo lo que digan del evento, fue Abelardo de la Espriella, reuniendo a miles de seguidores en el Movistar Arena y transmitiendo en vivo a cientos de miles más. Su discurso no estuvo exento de lugares comunes, pero en últimas lo que necesita Colombia no es inventar una nave espacial, sino poner orden en lo esencial.

A muchos se les llena la boca hablando de programas, proyectos, obras, inversiones y un largo etcétera, pero basta una breve revisión de la situación fiscal del estado colombiano, para concluir, citando a Javier Milei: ¡NO HAY PLATA!

Lo que corresponde es retomar la idea de un acuerdo sobre lo fundamental, que permita superar de una vez por todas este régimen clientelista, contrario a la libertad y soportado en la expansión desmedida del estado. Ya estuvo bueno de anunciar la construcción de megacolegios y universidades, la compra de nuevos aviones, el aumento de la nómina estatal, etc.; olvidando que el colombiano de a pie no puede caminar tranquilo y vive con miedo. Somos un país ahogado en trámites y con una burocracia estatal que no tiene incentivos para actuar de manera eficiente y, lo peor, con unas fuerzas armadas y de policía a merced de asonadas y de cualquier loco que las recibe a puñaladas, sin poder reaccionar por temor a las consecuencias.

Como si fuera poco, hoy tenemos en el palacio de Nariño lugares especiales para recordar a quienes hicieron la guerra, alegando que acordaron la paz, enmarcados en una campaña que lleva décadas y que ha logrado instaurar una narrativa que no permite crítica, según la cual hay un sector de la sociedad colombiana que se ha apropiado de la riqueza que es de todos. El empresario aparece como un opresor y el éxito de unos pocos es visto como ejemplo de la usurpación de aquello que se debería distribuir. De allí que quienes no pagan impuestos celebren que los suban y exijan su parte de la repartija. El estado visto como una piñata.

El origen de esa narrativa está en muchas aulas. Está en textos escolares que pretenden legitimar la lucha armada, siempre que sea revolucionaria, y celebrar la expansión del estado, alegando que es lo propio de una democracia. Cientos de miles de niños y niñas anotan en sus cuadernos la importancia del estado social de derecho, la función social de la propiedad y las acciones constitucionales para la protección de sus derechos individuales y colectivos, pero jamás una reflexión sobre la importancia de generar riqueza, del sistema de precios, de la oferta y la demanda. Los mínimos de economía brillan por su ausencia.

Si algo debe ser punto de partida en un acuerdo sobre lo fundamental es la defensa de la libertad y la apropiación de las leyes de la economía. De lo contrario, las nuevas generaciones seguirán celebrando el déficit fiscal y después exigiendo que les quiten a unos lo que se gastaron todos. Ojalá muy pronto entiendan que no hay almuerzo gratis y que, como dicen por ahí, “de eso tan bueno, nunca hay tanto”.

* Nuevo rector del British International School de Barranquilla. 

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