Por Juan Carlos Abuchaibe*
Cuando todo converge
A veces, la historia nos presenta momentos en que múltiples crisis convergen en un solo punto, creando lo que los meteorólogos llaman una tormenta perfecta: una combinación explosiva de factores que, por separado serían manejables, pero juntos desatan el caos. Colombia vive precisamente uno de esos momentos.
Hace treinta y siete días, el mundo despertó con una noticia que cambiaría el curso de la historia contemporánea. Israel, con el respaldo táctico y logístico de Estados Unidos, iniciaba una operación militar de envergadura contra instalaciones nucleares iraníes. Lo que inicialmente parecía una operación quirúrgica se ha transformado en una guerra regional sin precedentes, con el Estrecho de Ormuz bloqueado, aviones derribados, plantas nucleares atacadas y ultimátum que amenazan con desatar el infierno.
Mientras tanto, Colombia se encuentra a solo semanas de elegir presidente. El 25 de mayo no será una elección más: será la decisión que determinará quién capitanee nuestra nave en medio de la tormenta. Con el petróleo disparado, la economía global tambaleándose y el mundo al borde de una confrontación mayor, necesitamos un líder que entienda que ya no estamos aislados de los conflictos que ocurren a miles de kilómetros.
Este artículo busca explicar, de manera accesible pero rigurosa, cómo se gestó esta tormenta perfecta, por qué el Estrecho de Ormuz es la arteria que mantiene viva la economía mundial y qué significa todo esto para Colombia en este momento decisivo de nuestra historia.
La guerra se sale de control
El conflicto, que comenzó el 28 de febrero de 2026 con la Operación Furia Épica, ha escalado dramáticamente en las últimas semanas. Lo que el presidente Trump prometió como una operación rápida y decisiva se ha convertido en una guerra de desgaste con consecuencias impredecibles.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) confirmó recientemente un ataque en las inmediaciones de la planta nuclear iraní de Bushehr, que dejó al menos un muerto. Este ataque representa una escalada sin precedentes en el conflicto, ya que las instalaciones nucleares han sido objetivo prioritario de las fuerzas israelo-estadounidenses desde el inicio de las hostilidades.
El 27 de marzo, Israel bombardeó dos instalaciones nucleares iraníes adicionales: una planta de agua pesada en la provincia de Arak y una fábrica de óxido de uranio en Yazd. Estos ataques demuestran que la estrategia militar no se limita a neutralizar capacidades militares, sino que busca destruir la infraestructura nuclear iraní por completo.
El 3 de abril, las fuerzas iraníes derribaron un avión de combate F-15E Strike Eagle estadounidense en el suroeste de Irán. El incidente marcó la primera ocasión en que Irán abatió un avión militar estadounidense sobre su espacio aéreo en casi cinco semanas de guerra. Los dos tripulantes del caza se eyectaron, y Estados Unidos lanzó una operación de búsqueda y rescate.
El piloto fue rescatado pocas horas después por helicópteros estadounidenses, pero el segundo tripulante permaneció desaparecido durante dos días. Las autoridades iraníes lanzaron llamamientos a la población civil para que alertara sobre cualquier indicio del paradero del aviador y distribuyeron imágenes del lugar del accidente. Finalmente, el 5 de abril, la misión de rescate logró encontrar al tripulante desaparecido y lo llevó de vuelta a territorio aliado, aunque la operación costó la pérdida de dos aviones de transporte C-130 Hercules.
Este incidente pone de relieve los riesgos de una guerra a la que la mayoría de los estadounidenses se opone. Dos tercios de los votantes reclaman poner fin al conflicto cuanto antes, aunque no se logren los objetivos marcados por Washington, según una encuesta de Reuters-Ipsos.
El presidente Donald Trump renovó su ultimátum contra Irán el 5 de abril, advirtiendo que el país tiene 48 horas para "hacer un trato" o reabrir el Estrecho de Ormuz antes de que "descienda el infierno" sobre ellos. En un mensaje en redes sociales, Trump escribió: "¡Recordad cuando le di a Irán diez días para HACER UN TRATO o ABRIR EL ESTRECHO DE ORMUZ! Se acaba el tiempo: 48 horas antes de que descienda el infierno sobre ellos. ¡Gloria a Dios!"
Este ultimátum, que vence el 6 de abril, es la tercera extensión de un plazo inicial de 48 horas dado el 21 de marzo. Trump había amenazado con "borrar" las centrales eléctricas iraníes si Irán no habría completamente el estrecho, pero luego pospuso los ataques tras afirmar que había conversaciones "muy buenas y productivas" con autoridades iraníes, algo que Teherán negó rotundamente.
En un mensaje profano publicado el domingo de Pascua, Trump advirtió: "El martes será el Día de las Centrales Eléctricas y el Día de los Puentes, todo envuelto en uno, en Irán. ¡No habrá nada igual! Abran el [maldito] Estrecho, locos bastardos, ¡o estarán viviendo en el infierno - SOLO MIREN! Alabado sea Allah. Presidente DONALD J. TRUMP."
El alto mando militar iraní rechazó la amenaza de Trump. El general Ali Abdollahi Aliabadi, del Cuartel General Central Jatam al-Anbiya, calificó la advertencia cómo "una acción desesperada, nerviosa, desequilibrada y estúpida", advirtiendo que "el significado simple de este mensaje es que las puertas del infierno se abrirán para ustedes."
El 2 de marzo de 2026, la guerra se extendió al Líbano cuando Hezbolá lanzó varios proyectiles hacia el norte de Israel, rompiendo el alto el fuego de 2024. En respuesta, aviones israelíes bombardearon la capital libanesa, Beirut, a las 3:00 a.m. hora local, emitiendo órdenes de evacuación a civiles en 50 localidades del sur del Líbano y el valle de la Beca.
Los informes iniciales sugerían que los objetivos previstos eran Naim Qassem y Mohammad Raad, líderes de Hezbolá. El gobierno israelí afirmó haber matado al jefe de inteligencia de Hezbolá, Hussain Makled, y posteriormente a cinco comandantes iraníes de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria Islámica en un ataque contra el hotel Ramada en el centro de Beirut.
El 24 de marzo, el gobierno israelí anunció que planeaba ocupar militarmente todo el sur del Líbano hasta el río Litani y confirmó la destrucción por su aviación de cinco puentes sobre dicho río. Dieciocho países europeos han instado a ambas partes a detener los combates ante el temor de que Israel pueda apoderarse de territorio en el sur del Líbano.
La invasión israelí del Líbano ha sido condenada internacionalmente. Canadá, Francia, Alemania, Italia y el Reino Unido emitieron una declaración conjunta señalando que la invasión "debe evitarse". Francia envió sistemas de defensa antiaérea a Chipre y el portaaviones Charles de Gaulle al Mediterráneo, mientras que el presidente Emmanuel Macron solicitó una reunión urgente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Para comprender la magnitud de esta crisis, debemos entender la importancia del Estrecho de Ormuz. Este paso marítimo de apenas 33 kilómetros de ancho en su punto más angosto es, sencillamente, la arteria principal de la economía global. Por allí transitan diariamente cerca de 20 millones de barriles de petróleo, lo que representa aproximadamente el 25% del comercio mundial de crudo vía marítima.
El estrecho conecta el Golfo Pérsico con el Mar Arábigo. Es el único paso obligado para que el petróleo de Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Catar, Emiratos Árabes Unidos e Irán llegue a los mercados mundiales. Cuando Irán anunció el bloqueo parcial de este corredor como represalia por los ataques israelíes, los mercados energéticos mundiales sufrieron un shock inmediato.
Un cierre prolongado del Estrecho de Ormuz no sería simplemente un problema de precios. Sería una disrupción sistémica de la economía global. No existen rutas alternativas viables para reemplazar 20 millones de barriles diarios. Arabia Saudita tiene un oleoducto hacia el Mar Rojo con capacidad para 5 millones de barriles diarios, pero eso apenas cubre una cuarta parte del flujo normal.
La respuesta de Irán incluyó ataques con misiles balísticos contra objetivos israelíes y el cierre del estrecho al tránsito de buques estadounidenses y aliados. Tres petroleros han sido atacados en las últimas semanas, elevando las primas de seguro para el transporte de crudo a niveles récord. Las grandes navieras internacionales ya han ordenado a sus buques evitar la zona o buscar rutas alternativas que incrementan los tiempos de tránsito en semanas.
El conflicto se inició el 28 de febrero de 2026, cuando cazas F-35 israelíes, apoyados por inteligencia estadounidense, bombardearon las instalaciones de Natanz y Fordow. La operación pretendía neutralizar la capacidad nuclear iraní. Sin embargo, la respuesta de Teherán fue inmediata: misiles contra objetivos israelíes y el bloqueo parcial del Estrecho de Ormuz.
Estados Unidos, inicialmente reacio a una participación directa, se vio obligado a intervenir tras ataques iraníes contra sus bases en Catar y Bahréin. El presidente ordenó el despliegue de portaaviones y, posteriormente, la incursión de unidades tácticas terrestres en territorio iraní.
La situación interna en Estados Unidos ha sorprendido a los analistas. Joe Kent, director del Centro Nacional de Contraterrorismo (NCTC), renunció a su cargo en medio del conflicto, emitiendo una carta explosiva dirigida al presidente. "No puedo, con buena conciencia, apoyar la guerra en curso contra Irán", escribió Kent. "Irán no representaba una amenaza inminente para nuestra nación, y está claro que iniciamos esta guerra por la presión de Israel y su poderoso lobby en Estados Unidos."
Kent, exmiembro de las fuerzas especiales Green Beret con múltiples despliegues de combate, se convirtió en el primer alto funcionario de la administración en abandonar el gobierno en protesta por la guerra. Su renuncia ha generado un terremoto político en Washington y ha abierto un debate sobre la verdadera naturaleza del conflicto.
La carta de Kent recordó que hasta junio de 2025 el presidente Trump había evitado guerras en Medio Oriente, entendiendo que eran "trampas que robaban vidas estadounidenses y agotaban la riqueza de la nación". Su ruptura pública evidencia las divisiones internas en la administración sobre la conveniencia de esta guerra.
En un giro histórico, la respuesta europea al conflicto ha sido inédita. La Unión Europea, tradicionalmente aliada incondicional de Estados Unidos, ha mostrado divisiones profundas. Mientras países como Hungría, Alemania e Italia han bloqueado sanciones contra Israel, otros como España e Irlanda han liderado iniciativas para revisar el acuerdo de asociación UE-Israel.
El Reino Unido, por su parte, suspendió las negociaciones para un acuerdo de libre comercio con Israel, una medida sin precedentes. Francia y Canadá han amenazado con "medidas concretas" si Israel continúa con lo que denominaron "acciones escandalosas" en Gaza y la región.
Por primera vez en décadas, Europa no marcha al unísono con Washington en una guerra de Medio Oriente. La canciller alemana declaró que "Europa no puede seguir siendo mero espectador de decisiones unilaterales que arrastran al mundo al abismo". Este distanciamiento marca un punto de inflexión en las relaciones transatlánticas.
Esta división europea refleja una transformación profunda en la política exterior del continente. Durante décadas, la UE había priorizado la alianza transatlántica por encima de otras consideraciones. Hoy, ante la magnitud de la crisis humanitaria en Gaza y las consecuencias económicas globales, esa cohesión se ha resquebrajado.
Las consecuencias económicas han sido devastadoras. El precio del petróleo Brent, que cerró febrero en 78 dólares por barril, alcanzó los 156 dólares el pasado 10 de marzo, un incremento del 100% en menos de un mes. La inflación en Estados Unidos saltó del 3,2% al 7,8% en apenas tres semanas.
Chile ha vivido una crisis sin precedentes. Al eliminar su fondo de estabilización de precios de combustibles en 2023, hoy sufre las consecuencias: la bencina superó los 2.300 pesos por litro, desencadenando paralizaciones del transporte y saqueos. El gobierno decretó estado de emergencia económica.
Colombia, paradójicamente, ha resultado menos afectada. La medida impopular del gobierno Petro de incrementar gradualmente el precio de los combustibles durante 2024 y 2025, duramente criticada en su momento, creó un colchón de estabilización que hoy protege a los consumidores. Mientras en Chile la gasolina se ha duplicado, en Colombia el incremento ha sido contenido al 18%.
Brasil ha visto incrementarse el precio del combustible en un 68%, generando presiones sobre el Banco Central para elevar aún más la tasa de interés. Argentina, en medio de su eterna inestabilidad, ha sufrido una nueva devaluación del peso y una aceleración de la inflación que supera ya el 180% anual.
La diferencia entre el caos chileno y la relativa calma colombiana ilustra una verdad incómoda: las políticas públicas impopulares de hoy pueden ser las salvadoras de mañana. El fondo de estabilización de precios que muchos exigían eliminar ha absorbido el 60% del impacto del incremento internacional.
Esta lección debería ser central en el debate electoral. No se trata solo de promesas de campaña, sino de capacidad de anticipar escenarios adversos y preparar al país para enfrentarlos.
En este escenario de incertidumbre global, Colombia se prepara para elegir presidente. La elección del próximo 25 de mayo determinará quién capitaneará la nave colombiana en aguas turbulentas que podrían complicarse aún más.
Según las encuestas más recientes de Gad3 para RCN, Guarumo y Ecoanalitica, tres candidatos concentran el grueso de la intención de voto:
|
Candidato |
Intención de voto |
Coalición |
|
Iván Cepeda |
35-37% |
Pacto Histórico |
|
Abelardo de la Espriella |
20-21% |
Salvación Nacional |
|
Paloma Valencia |
16-20% |
Centro Democrático |
|
Sergio Fajardo |
~3% |
Centro Esperanza |
|
Claudia López |
~2-4% |
Centro Esperanza |
Iván Cepeda, del Pacto Histórico, lidera con aproximadamente el 35-37% de intención de voto. Senador desde 2014 y figura central de la izquierda colombiana, cuenta con el respaldo del presidente Petro y los movimientos campesinos e indígenas. Su fórmula vicepresidencial es Aida Quilcué, líderesa indígena.
Abelardo de la Espriella, de Salvación Nacional, ocupa el segundo lugar con cerca del 20-21%. El abogado penalista, conocido como "El Tigre", apunta a consolidar el voto de derecha y extrema derecha. Su fórmula es José Manuel Restrepo, economista con trayectoria académica.
Paloma Valencia, del Centro Democrático y Nuevo Liberalismo, ha mostrado el crecimiento más significativo: paso del 4% en febrero al 16-20% actual. Su victoria en la Gran Consulta y la incorporación de Juan Daniel Oviedo cómo fórmula vicepresidencial le han dado un impulso considerable, consolidándose como la principal alternativa de centroderecha.
Sergio Fajardo y Claudia López, representantes del centro político, han quedado rezagados con menos del 4% cada uno, evidenciando una pérdida de relevancia de este sector en la disputa presidencial.
Los escenarios de una eventual segunda vuelta revelan dinámicas interesantes. Si en esa instancia se enfrentaran Cepeda y De la Espriella, el triunfo lo obtendría el senador progresista con un 45% frente a un 36% de su rival.
En un escenario contra Valencia, Cepeda se impondría con un apretado 43% contra un 40%, que ya entra dentro del rango del margen de error. Este resultado muestra cómo la candidata uribista ha logrado convertir votos a su favor, mientras que De la Espriella los ha ido perdiendo.
Un dato clave de la encuesta de Guarumo y Ecoanalitica revela el nivel de rechazo electoral: el 37,2% de los encuestados aseguró que nunca votaría por Iván Cepeda, lo que lo convierte en el candidato con mayor nivel de resistencia. Abelardo de la Espriella tiene un 22% de rechazo, mientras que Paloma Valencia presenta solo un 14,7%, lo que la posiciona con una menor carga negativa.
La pregunta que debemos hacernos es simple pero crucial: ¿cuál de estos candidatos tiene la preparación necesaria para navegar una crisis global de esta magnitud? Necesitamos un presidente que entienda los mercados internacionales, que pueda negociar con organismos multilaterales si necesitamos financiamiento de emergencia, y que tenga el equipo técnico capaz de diseñar políticas públicas que protejan a los más vulnerables sin quebrar las finanzas públicas.
No basta con saber usar redes sociales o tener millones de seguidores. La comunicación efectiva es importante, pero lo es más la capacidad de tomar decisiones correctas bajo presión, de procesar información compleja y de ejecutar con eficiencia.
Necesitamos dejar de elegir presidentes como si escogiéramos concursantes de un reality show. La democracia no es entretenimiento. Es el mecanismo más serio que tiene una sociedad para seleccionar a quienes tomarán decisiones que afectarán la vida de millones de personas.
Este artículo no pretende alarmar, sino alertar. Treinta y siete días han demostrado cuán frágil es la estabilidad que damos por sentada. Una tormenta perfecta no se forma de la noche a la mañana: es el resultado de decisiones equivocadas, advertencias ignoradas y la arrogancia de quienes creen controlar fuerzas que les superan.
El cierre del Estrecho de Ormuz, la renuncia de Joe Kent, la división europea, el avión derribado, el ultimátum de Trump y la invasión del Líbano: son los relámpagos que iluminan una tormenta que aún no ha alcanzado su punto máximo. Cada día que pasa, los vientos soplan más fuerte.
El próximo 25 de mayo, los colombianos no estaremos simplemente eligiendo un presidente. Estaremos seleccionando al capitán que navegará nuestra nave en medio del huracán. Necesitamos alguien que entienda que el mundo del siglo XXI no admite improvisaciones, que la globalización nos conecta irreversiblemente con conflictos a miles de kilómetros, y que las decisiones que tomemos hoy determinarán si salimos a flote o nos hundimos.
No basta con saber usar redes sociales. No alcanza con tener buenas intenciones. Se requiere preparación académica sólida, experiencia en gestión pública, capacidad de trabajo en equipo y visión de largo plazo. En una tormenta perfecta, solo los capitanes verdaderamente preparados pueden salvar el barco.
La historia juzgará nuestra decisión. Cuando la tormenta pase, y pasará, que los colombianos podamos mirar hacia atrás y saber que elegimos con sabiduría, no con rabia o con miedo. Elijamos al capitán que el momento exige.
* Abogado, Máster en Seguridad y Defensa
Nota del autor: Las cifras y datos presentados corresponden a informes oficiales del Departamento de Energía de Estados Unidos, la Agencia Internacional de Energía, el Banco de la República de Colombia y sondeos de opinión publicados entre el 28 de febrero y el 5 de abril de 2026.