El próximo 8 de marzo termina por fin estos tres meses de locura proselitista, es el culmen de la carrera por las curules a senado y cámara, además de la consulta para elegir candidato a primera vuelta presidencial. La ciudad ha estado invadida con las imágenes, logos y toda una serie de estampas que nos recuerdan que X candidato o candidata es “tu candidato” “el de las grandes gestiones” “el que está pegao” “el que va”.
Vallas, pendones, pintadas en paredes, son el pan de cada día; de repente ibas por ahí y ¡zas! Te das de frente con una valla incluso en el espacio público, llegas a urgencias de una clínica y también publicidad, incluso en la sala de espera te dan una tarjetica para que sepas como marcar. Y el colmo: llegas a un restaurante, te acomodas y de repente aparecen los meseros con la camiseta azul del que está pegao.
Dicen que hay unos topes para publicidad, pero creo que aquí en Valledupar se los pasaron todos, no hay procuraduría ni contraloría que valga. Nunca sabremos en realidad cuanto dinero se gastó en esas campañas, se utiliza mucho dinero en efectivo y los informes que los gerentes entregan, justo no superarán el límite. Pero la realidad es otra muy distinta, publicidad en plataformas, en redes, en la radio local y nacional.
Jingles pegajosos con cantantes reconocidos, ya hay top de los mejores jingles de los candidatos del Cesar, me he sorprendido de manera vergonzante tarareando uno de esos, el cerebro te hace unas jugadas… Pero al final son los mismos, la cuadrilla de siempre con los apoyos de los de siempre. Los candidatos con el mismo discurso genérico de 10 minutos en la reunión donde los esperaron dos horas. Eso sí, las reuniones llenas, pompones, lluvia de papelitos, el candidato es anunciado como estrella musical.
Estuve en una de esas reuniones (para ayudar a una amiga haciendo bulto) estaba llena de familiares y amigos de los trabajadores por prestación de servicios, porque ya sabemos cómo presionan a esta gente para que colmen escenarios, comprometan votos, y llenen listados y listados de asistencia; además de montar en sus estados al susodicho político día y noche.
Estuve sacando cuentas alegres de cuánto puede costar una reunión como en la que estuve; de entrada te entregan un par de pompones, una gorra, agua y refrescos, la tarima y todo el local está decorado con la imagen y logo del personaje, excelente sonido, un par de presentadores. Antes de la llegada del candidato hay concursos con camisetas como premio y al finalizar te entregan papelería de propaganda; una logística que puede superar cualquier seminario o congreso médico o empresarial.
Durante la reunión los empleados estaban en estado de tensión, preocupados porque no se llenaba el aforo (el candidato no llega si no está lleno) esto lo recalcan todo el tiempo, la presión no es poca, les recuerdan con bastante frecuencia que empleo y candidato ganador van de la mano. Esto llega a ser tan desgastante para el trabajador que puede ser un desencadenante del síndrome de burnout; porque al final el trabajador o trabajadora siente que su trabajo no es apreciado, no tiene valor, es una pieza desechable en un engranaje de poder. Es la forma de hacer política, es la forma de contratar personal, no es posible conseguir empleo en la administración municipal y departamental sin intermediarios (con interés político).
¿Es así en todo el país? En la mayor parte según indagaciones con conocidos en diferentes departamentos, parece que la excepción es Bogotá en donde se puede conseguir trabajo en el distrito sin palancas.
¿Es posible cambiar la cultura política?
Es muy difícil porque a los que opinan que esa forma de hacer política debe ser erradicada los tildan de tibios, agua de bollo, raros, son los que menos votos consiguen. En público muchos condenan las prácticas clientelistas, pero, si la oportunidad se presenta no dudan en aprovecharlas.
A pesar de todo, esa franja pequeña de tibios, hace posible que aún haya esperanza.