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Editorial

Retos virales: ¿cómo responder como sociedad?

Por
Redacción general
Wednesday, March 18, 2026 11:12 AM
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Las lamentables muertes de dos adolescentes en Valledupar (Daniela Zuleta Gnecco e Isaí Gamboa Morales) suscitó una ola de preocupación entre los padres de familia de la ciudad, ante la posibilidad de que éstas tuviesen origen en un reto viral denominado “El Reto del Acetaminofén”.

De manera oportuna y contundente las secretarias de Salud y Educación del Cesar desmintieron dicha versión y aclararon que las muertes no están relacionadas entre sí ni guardan relación con el denominado reto. En palabras de Georgina Sánchez, secretaria de Salud: “lo único que tienen en común estas dos muertes es que fueron ocurridas en adolescentes entre los 14 y los 15 años, pero los niños no estudiaban en el mismo colegio, no se conocían, no hay ninguna otra relación, ni ningún cerco epidemiológico que haga pensar que las dos muertes se relacionen”.

Sin embargo, que las autoridades hayan descartado el reto como causa de estas dos muertes no significa que el fenómeno sea inexistente ni que deba tomarse a la ligera. La misma secretaria de Salud explicó con claridad en qué consiste esta práctica viral: jóvenes que compiten entre sí para ver quién es capaz de ingerir la mayor cantidad de acetaminofén o paracetamol, en una ruleta química que puede causar daños hepáticos irreversibles y, en los casos más graves, la muerte. Y según advirtió la funcionaria, este tipo de retos no solo circulan en Valledupar, sino en varios municipios del Cesar.

La alarma, entonces, está justificada. Lo que no está justificado es el pánico desinformado.

Una identidad todavía en construcción

Para entender por qué los jóvenes caen en estas trampas, hay que comprender primero cómo funciona la mente de un adolescente. La adolescencia es, por naturaleza, una etapa de búsqueda: búsqueda de identidad, de pertenencia, de reconocimiento. Un niño o una niña de 13, 14 o 15 años no tiene aún una personalidad completamente formada. Su autoestima depende, en buena medida, de la mirada de los demás; su brújula moral se calibra en función de lo que aprueba o desaprueba su círculo social. Ser aceptado, ser visto, ser admirado por los compañeros puede pesar más, en ese momento de la vida, que cualquier advertencia sobre los peligros de una conducta.

Los retos virales explotan precisamente esa vulnerabilidad. No son fenómenos espontáneos: son trampas diseñadas —consciente o inconscientemente— para activar el deseo de aprobación social. El mensaje implícito es siempre el mismo: "hazlo y serás popular; hazlo y te verán; hazlo y existirás". Para un adolescente en busca de su lugar en el mundo, esa promesa puede resultar irresistible.

Por eso, padres de familia y colegios de Valledupar y el Cesar deben estar en alerta permanente. No se trata de espiar a los hijos ni de prohibirles el acceso a la tecnología de manera arbitraria —como bien señalaron algunos oyentes de Radio Guatapurí en nuestra emisión del martes—, sino de acompañarlos, de dialogar con ellos, de conocer qué consumen en sus pantallas y con quiénes se relacionan en las redes. La advertencia de la oyente Elba Luz Julio resuena con fuerza: hay que estar "cuatro ojos" con los jóvenes. No como carceleros, sino como guías.

Los colegios, por su parte, tienen una responsabilidad que va más allá de la instrucción académica. Los docentes son, muchas veces, los primeros en detectar cambios en el comportamiento de sus estudiantes. Un joven que empieza a mostrar conductas de riesgo, que busca con desesperación la atención de sus pares, que replica en el aula lo que vio en TikTok la noche anterior, está enviando señales. Reconocerlas y atenderlas a tiempo puede marcar la diferencia entre una intervención oportuna y una tragedia irreparable.

La sociedad también puede retar

Pero la reflexión no puede quedarse únicamente en la prevención y la vigilancia. Valledupar y el Cesar tienen la oportunidad —y la responsabilidad— de responder a los retos negativos con una propuesta alternativa: la cultura del reto positivo.

¿Por qué no retamos a nuestros jóvenes a leer más libros? ¿A ver quién termina primero la lista de lectura del semestre, quién recomienda el mejor título a sus compañeros, quién puede hablar con más propiedad sobre un autor? ¿Por qué no hacemos viral al estudiante que saca las mejores notas en su colegio, al que resolvió un problema matemático complejo, al que escribió el mejor cuento del año? ¿Por qué no celebramos al joven que corre más en el barrio, al que nada más vueltas en la piscina, al que entrena con más disciplina en la cancha de fútbol?

Si las redes sociales tienen el poder de volver viral una conducta destructiva, también tienen el poder de volver viral una conducta constructiva. Solo se necesita que los adultos —padres, maestros, comunicadores, líderes comunitarios— seamos los primeros en promoverla, aplaudirla y compartirla. Como señaló Lesmi Centeno en nuestra tribuna: "hay que brindarle a la juventud oportunidades y una visión diferente de la vida". El deporte, la cultura, el conocimiento y el arte son, también, fenómenos sociales. Hagámoslos virales.

Valledupar es una ciudad que sabe celebrar a sus jóvenes talentos en el vallenato, en el deporte, en las ciencias. Esa misma energía festiva y comunitaria que nos define como pueblo puede y debe volcarse hacia la construcción de una cultura juvenil sana, donde el reconocimiento social se gane no por arriesgar la vida, sino por cultivarla.

Los retos virales peligrosos no desaparecerán de las pantallas por decreto. Pero sí podemos cambiar lo que ocurre del lado de acá de la pantalla: en los hogares, en los salones de clase, en los parques y en las conversaciones de familia. Ese es el verdadero reto que nos plantea este momento. Y es uno que, como sociedad, estamos en plena capacidad de aceptar.

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