Por Emiliano Piedrahita Porras
La forma de medir la pobreza en Colombia, es a través de dos factores: La pobreza monetaria, llamado también línea de pobreza, que trae con sigo, la pobreza monetaria extrema y la pobreza multidimensional.
La pobreza monetaria, está identificada, en los ingresos de una familia, es decir, se centra en el dinero que entra en un hogar y que no alcanza a cubrir las necesidades básicas, como la comida, vivienda, salud, transporte, entre otras. La pobreza multidimensional, observa las condiciones de vida y el acceso a necesidades básicas y como dato curioso esta línea de pobreza sigue siendo más alta en las zonas rurales (22,4%) en comparación con las cabeceras urbanas (6,3%), sin que exista dato alguno de la pobreza monetaria en zona rural, que con toda seguridad es en un porcentaje mucho más alto que la pobreza multidimensional en ese sector.
Para el año 2025, en Colombia, este índice de pobreza monetaria fue calculada en 31.8%, una tasa superior al promedio de Latinoamérica que fue del 25,2%. Esta cifra indica que aproximadamente un tercio de la población vive con ingresos por debajo de la línea de pobreza. A mi modo de ver, Colombia alcanza un índice de pobreza monetaria mucho más alta a la que arroja DANE, pero bueno, debo señalar lo que oficialmente está consagrado.
Frente a este panorama, existe un poder terrenal y más exactamente en Colombia para multiplicar los ricos, solo con un plumazo de un Decreto: todo aquel que tiene un centímetro de tierra se volvió rico y aquel que tiene hectáreas, se convirtió de la noche a la mañana en millonario. Sí, mis lectores, Colombia ahora tiene más ricos que pobres, ese es el cálculo descarado para poder sacarle la plata del bolsillo a nuestros campesinos, a esos que sufren por los altos costos de insumos para sus cosechas, que las trochas son llamadas carreteras y los precios de los productos son comprados a precio de huevo, esa es la realidad de la vida de nuestros campesinos y campesinas, solo se están mirando de la manera y forma de aportar más al presupuesto del estado, sin tener derecho a ningún beneficio y menos a reclamar.
Pues bien, en este país de ricos, nuestros campesinos venden sus tierras porque no les alcanza sus ingresos para pagar el predial, pero el valor de las mismas, están muy por debajo, de los que establece los avalúos del catastro, es decir, a ningún campesino le van a comprar sus tierras por lo que establece el valor catastral sino por el precio que ofrezca el comprador.
Para nadie es un secreto que el sector agropecuario, ha sido el más olvidado y maltratado en los últimos 20 años, no existe una verdadera política agraria que incentive al campesino no solo a producir sino también a garantizarle seguridad, beneficios tributarios, compra de sus cosechas al valor real de la economía, inversión en vías terciarias, entre muchas más necesidades del sector. Mientras se logre un gobierno que escuche las súplicas del campesino, ya en Colombia existió el primer milagro: “se multiplicaron los ricos”.
Docente Universitario.