Pelaya, Cesar.
En un nuevo hecho que enciende las alarmas en el sur del Cesar, el cadáver de Jhonniér Uribe Quintero, de 34 años, fue encontrado en la vereda Los Pinos, zona rural de Pelaya, con ocho impactos de bala en el tórax. El hombre, quien había salido la noche del 9 de abril para reunirse con unos amigos, permanecía desaparecido hasta que en la mañana del 10 de abril campesinos del sector hallaron su cuerpo sin vida en medio de la maleza, desatando el pánico entre los habitantes.
La esposa de la víctima, quien acudió a las autoridades tras no tener noticias de su paradero, confirmó que Uribe Quintero salió sin previo aviso y jamás regresó. Los primeros informes de la Policía revelan que el cuerpo presentaba ocho orificios de bala en el pecho, un patrón que evidencia una ejecución directa sin posibilidad de defensa. Hasta el momento, ni los móviles ni los responsables han sido esclarecidos, pero la saña con la que actuaron los sicarios apunta a un posible ajuste de cuentas.
Lo más escalofriante es que este crimen no es un caso aislado. En menos de 24 horas, dos hombres han sido hallados muertos con signos de tortura en la misma zona rural de Pelaya, lo que sugiere una ola de violencia que las autoridades parecen no poder frenar. Mientras los campesinos viven aterrados y exigen presencia de la fuerza pública, la Fiscalía y la Policía Judicial apenas inician las investigaciones para identificar a los responsables de este baño de sangre que ya tiñe de rojo los caminos del Cesar.
Con este asesinato, Pelaya suma su tercer homicidio en menos de un día, una cifra que retrata la crudeza de la guerra silenciosa que se libra en esta región. Las autoridades han prometido resultados, pero la comunidad, sumida en el miedo, solo espera que los cuerpos no sigan apareciendo en medio de la nada. Mientras tanto, el expediente de Jhonniér Uribe Quintero se suma a la larga lista de víctimas de un territorio que clama justicia.