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Internacional

Los juicios de Núremberg; un hito en el derecho moderno

Por Alfredo Quintero

Por
Andres Molina
Saturday, November 29, 2025 12:51 PM
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Aunque muchos hablan de política desde el panorama nacional o departamental, quiero aprovechar este espacio para referirme a un acontecimiento histórico que, hace apenas cuatro días, cumplió 80 años. Esta columna de opinión abordará de manera breve, pero conmemorativa, los Juicios de Núremberg: una serie de procesos judiciales en los que fueron juzgados los principales líderes del régimen nazi. Estos juicios se llevaron a cabo en el Palacio de Justicia de Núremberg, un edificio que durante el Tercer Reich simbolizó la fortaleza jurídica del nazismo y que, tras la Segunda Guerra Mundial se convirtió en el escenario de su vergüenza y deshonra.

El 2 de septiembre de 1945 se dio por finalizada la Segunda Guerra Mundial. Los nazis se rendían y su máximo líder, Adolf Hitler se había suicidado meses antes en su búnker en Berlín. Ante este escenario surgió entre los Aliados una gran pregunta: ¿cómo juzgar a los líderes nazis por las atrocidades cometidas? Fue entonces cuando, por primera vez en la historia, se estableció un tribunal penal internacional con la misión de exigir responsabilidad por crímenes que hasta ese momento no tenían un precedente jurídico formal.

Así nacieron los Juicios de Núremberg, que iniciaron en noviembre de 1945 bajo la jurisdicción de las cuatro potencias aliadas: Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética. El proceso principal contra 24 líderes nazis se desarrolló entre el 20 de noviembre de 1945 y el 1 de octubre de 1946 en la ciudad alemana de Núremberg, convirtiéndose en el juicio más emblemático y significativo de todos.

En ese tribunal se procesaron a altos funcionarios del régimen nazi por crímenes contra la paz, crímenes de guerra y, por primera vez en el derecho internacional, crímenes contra la humanidad categoría que surgió precisamente a raíz de las atrocidades del Holocausto y que hoy es un pilar fundamental de la justicia global.

El juicio principal sentó en el banquillo a figuras como Hermann Göring, Joachim von Ribbentrop y Albert Speer. Y aunque muchos trataron de justificarse alegando que simplemente “seguían órdenes”, el tribunal dejó claro que las órdenes ilegales no eximen responsabilidad. Este fue uno de los avances más importantes del derecho moderno: la responsabilidad penal individual, incluso en contextos de guerra o bajo gobiernos totalitarios.

Como todo acontecimiento histórico, Núremberg no estuvo libre de críticas. Algunos lo calificaron como “justicia de vencedores” y cuestionaron que solo se juzgara a los nazis. Sin embargo, lo cierto es que estos juicios abrieron las puertas a un nuevo orden jurídico internacional. Marcaron precedentes esenciales para tribunales posteriores —como los de Ruanda y la ex Yugoslavia— y, décadas después, para la creación de la Corte Penal Internacional, institución que hoy intenta, aunque con dificultades, evitar que crímenes atroces queden impunes.

A 80 años de aquel momento, los Juicios de Núremberg nos recuerdan que la justicia internacional no fue un regalo de la posguerra, sino una necesidad nacida del horror. Nos recuerdan que incluso en medio de la barbarie, la humanidad puede producir leyes, responsabilidades y límites morales. Y, sobre todo, nos recuerdan que la memoria histórica no es un lujo académico, sino un compromiso ético para que atrocidades como aquellas no vuelvan a repetirse.

Conmemorar Núremberg es reafirmar que la dignidad humana debe ser el centro del derecho y de cualquier sociedad que aspire a llamarse civilizada.

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