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Nicolás Maestre Martínez: un cucuriaco de la música vallenata

Por: Álvaro Yaguna Nuñez

Por
Redacción general
Wednesday, May 6, 2026 2:52 PM
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Es explicable que la acepción "cucuriaco" no se determine en las contemporáneas versiones de los diccionarios de habla hispana, avalados por la Real Academia de la Lengua, entidad rectora y responsable del encausamiento, preservación y cuidado riguroso de la dinámica permanente de giros, voces, locuciones, modismos y tendencias de nuestro atesorado idioma español. Y digo explicable porque el término a pesar de ser castizo, entendiéndose este como genuino y típico de un determinado lugar, no lo perfilan los expertos en las relaciones depuradas que periódicamente revisan, consolidan y concilian; lo cierto del caso es que el término en referencia no lo soslaya ni lo excluye La Cacica Consuelo Araújo Noguera en su magna obra El Lexicón del Valle de Upar. Ella allí lo define de la siguiente manera: “Escudriñador, que tiene una propensión natural para ir al meollo del asunto y realizar los intríngulis del mismo. Diestro y hábil por naturaleza para las labores manuales”.

La primera vez que escuché el regionalismo "cucuriaco"fue en una animación o saludo de una canción Vallenata, El Hachero, por allá en las calendas de 1970/1975, recién grabada por Juan Piña Valderrama, iniciando su brillante carrera como vocalista de la orquesta Los Hermanos Martelo. En la laureada pieza musical, "El Niño" de San Marcos, Sucre, expresó: “Cucuriaco, tú eres un campesino,” refiriéndose a Nicolás Maestre Martínez, nuestro personaje homenajeado hoy, en su inexorable trajín hacia los confines de la eternidad.

Inmersos actualmente en el ambiente especial y el aire festivo propio del preámbulo y umbral a las festividades religiosas y folclóricas de La Leyenda Vallenata, nada más  propicio que enaltecer y resaltar el talento y la creatividad natural de un cañahuatero raizal, compositor, digo yo, de música vallenata autentica, verdadera.

Nico, como cariñosamente lo rebautizamos sus condiscípulos, llegó al Colegio Loperena cronológicamente maduro, con relación a unos imberbes adolescentes, casi unos niños, que emergían académicamente y gozaban ya de tres de sus importantes canciones, posicionadas en el incipiente escalafón de la música vernácula. Valle Arhuaco (grabada por Lisandro Meza), El Rey del Valle (por los Playoneros del Cesar) y La Petatera, una cumbia magistral, llevada a las pastas sonoras del entonces, por la misma agrupación cañahuatera, integrada por Ovidio Granados, Miguel Yaneth, Cirino Castilla y Rafael Wicho Sánchez; muchos de los entendidos y conocedores del tema de la composición vallenata, le atribuyen a Nicolás Maestre Martínez su participación especial en los arreglos y montaje del Buey Mariposo, otro clásico de Los Playoneros del Cesar.

El trasegar académico del Cucuriaco por las aulas Loperena, fue el escenario adecuado y natural para mostrar categóricamente sus atributos y cualidades artísticas, plasmadas en las actividades culturales como el Teatro, Danzas y expresiones folclóricas; en este periodo surgen nuestros primeros tragos, bailes e incipientes amoríos, escuchando sus composiciones exitosas como La Casita, Las Cosas Mías, El Rey del Valle, Valle Arhuaco, Humilde Serenata, El Pobre Beto, La Muerte de un Acordeón, Dime, Dime, La Reina del Café y El Amor Socolero, entre otras.

Este laboratorio y plataforma de fogueo folclórico, proyectan a Nicolás Maestre en 1974 a la Universidad Industrial de Santander (UIS), donde el programa de Ingeniería Metalúrgica es relegado por su verdadera pasión y querencia febril, la actividad folclórica que hoy por hoy lo ha llevado a cosechar triunfos y galardones a nivel universitario regional, nacional e internacional.

Es reconfortante y agradable escuchar las vivencias y experiencias de este bohemio de antaño, residente en el corazón del barrio Cañahuate, visitante asiduo de la gran Petra Arias, el antiguo Mercadito, hoy Parque El Viajero, la tienda Las Cumbres, animando permanentemente parrandas inolvidables del Viejo Valle de Gustavo Gutiérrez y participando en forma entusiasta de las fiestas carnestoléndicas, comandando los grupos tamboreros de sus barrios La Guajira y el Cañahuate.

Su más recordada anécdota la refiere con respecto a la canción El Hachero, ganadora -reitero- en el marco del máximo evento folclórico nacional, el Festival Vallenato. Dice Nico que su idea inicial fue hacerle un sentido homenaje al agricultor tesonero de nuestros campos, representado por Rafael Barrera, campesino arraigado en las Sierras de Azúcar Buena, a quien en alguna ocasión vio casi ciego por la hinchazón propiciada por un avispero alborotado, en el proceso de tala de un gigantesco árbol de higuerón. Este tema, señala, fue controvertido y motivo de discusión regional y nacional por las implicaciones en el orden ambiental, promovidas por el rigor de la normatividad y jurisprudencia recién establecidas, derivadas del Constituyente de 1991.

Ha transcurrido mucho tiempo y demasiada el agua cristalina, la mejor del mundo, transportada por El Rey del Valle, el Río Guatapurí y Nicolás Maestre Martínez, el Cucuriaco, por esta época festivalera deseaba reeditar su logro de la década de 1970, presentándose en el próximo certamen, modalidad canción inédita, rey de reyes.

En sus ratos de asueto evocaba y añoraba en el barrio Jorge Dangond, donde su hermano Leonel, los tiempos de bohemio en su consentido Cañahuate, sus inolvidables parrandas con Álvaro Rodríguez Bolaños, El Camarón, su amistad con Chorro Balín, Nano La Cruz, Juanchito El Orejón y su paso afortunado por el Colegio Loperena, donde sus compañeros de clase, parecían realmente sus hijos, dice, lanzando una sonora y estridente carcajada.

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