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Política

Miguel Uribe Turbay: entre el duelo y la carroña política

Por
Andres Molina
Tuesday, August 12, 2025 8:13 PM
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Por Alfredo Quintero*

El país aún no ha terminado de asimilar la noticia. Miguel Uribe Turbay, joven político, senador y figura en ascenso del Centro Democrático, murió tras más de dos meses de agonía producto de un atentado vil, cobarde, que lo arrebató de la vida pública y de su familia. Uno esperaría que, en medio de la tragedia, Colombia hiciera una pausa para acompañar a su esposa, a sus hijos, a sus padres; para reflexionar sobre qué estamos haciendo mal como sociedad. Pero no. Aquí, el silencio del duelo dura lo que tarda un político en encontrar una cámara encendida.

En las horas posteriores a su muerte, lo que vimos fue un festín de trincheras digitales. Álvaro Uribe Vélez, líder natural de su partido, lanzó mensajes que no fueron plegarias ni homenajes, sino dardos contra Juan Manuel Santos:

“No sea hipócrita que Ud le devolvió el narcotráfico y el poder de asesinar a los criminales. No llore por Miguel que Ud tiene bastante culpa”

Y horas después:

“En esta hora de dolor aumenta mi tormento ver en la pantalla de la distancia la hipocresía de Santo”

Más allá de la veracidad o no de sus señalamientos, el hecho es que el nombre de Miguel, su memoria, su cadáver político aún tibio fueron puestos en la tarima del juicio mediático para ajustar cuentas pendientes. La tragedia se convirtió en herramienta. El duelo se volvió pancarta.

Lo que queda, entonces, es una imagen nauseabunda: la de pirañas de la politiquería, girando alrededor del dolor ajeno mordiendo en busca de votos. No hay respeto, no hay pausa, no hay abrazo. Hay cálculo. Y eso es lo verdaderamente obsceno.

Este no es el momento para medir fuerzas. No es la hora de utilizar el nombre de Miguel como piedra en una guerra vieja entre expresidentes. Es el momento para callar, para escuchar, para acompañar. Es el momento de reconciliarnos, aunque sea por un día, con la idea de que la política debe estar al servicio de la vida, no de la venganza ni de la campaña eterna.

Si la muerte de Miguel Uribe Turbay termina convertida en combustible electoral, habremos fallado como país. La paz empieza, muchas veces, en algo tan simple como guardar silencio ante el dolor del otro. Hoy, Colombia parece incapaz de hacerlo.

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