Maicao, La Guajira.
En un ataque digno de una zona de guerra, hombres armados irrumpieron en la mañana de este domingo 12 de abril en el barrio Villa Mery de Maicao y, sin mediar palabra, acribillaron a cinco personas a balazos de fusil. Los sicarios, que se movilizaban en una camioneta de alta gama, descendieron del vehículo y dispararon de manera indiscriminada contra un grupo de aproximadamente diez personas que departían en un establecimiento comercial. El saldo preliminar fue de cuatro muertos en el lugar y un quinto fallecido cuando era trasladado a un centro asistencial, mientras que versiones extraoficiales reportan al menos dos heridos de gravedad.
La comunidad, aterrada por las ráfagas de proyectiles, se lanzó al suelo y buscó refugio en sus viviendas mientras los victimarios huían con rumbo desconocido. Las autoridades lograron identificar a cuatro de las víctimas:
Tres de ellos pertenecían a la etnia wayúu, razón por la cual sus familiares retiraron los cuerpos del lugar para aplicar sus usos y costumbres, una práctica que entorpeció la consolidación del balance definitivo de víctimas.
Este baño de sangre no es un hecho aislado. Las autoridades investigan si la masacre está directamente vinculada a una retaliación de grupos criminales por una operación militar ejecutada días atrás en zona rural de Uribia, donde fueron abatidos nueve integrantes de una estructura armada cercana al narcotraficante alias ‘Nain’, también conocido como ‘El Menor’. El modus operandi de los atacantes —quienes vestían prendas de camuflado y portaban brazaletes con iniciales de grupos ilegales— apunta a las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN) o al ELN, aunque la Fiscalía aún no ha confirmado oficialmente a los responsables.
La violencia ha vuelto a golpear con saña a este municipio fronterizo, que ya había sido escenario de otra masacre similar en enero pasado en el barrio Altos de Parrantial. Ante la creciente ola de sangre, el alcalde Miguel Felipe Aragón convocó para este lunes 13 de abril un Consejo Extraordinario de Seguridad con la participación del ministro de Defensa, mientras la Policía y el CTI de la Fiscalía trabajan contrarreloj para recolectar pruebas y dar con el paradero de los responsables. La comunidad, sumida en el miedo, solo espera que las balas no vuelvan a silbar en sus calles.