Lesmi Centeno, el guardián del Parque de la Victoria
Valledupar
En la Comuna Cuatro de Valledupar hay un parque que, más que un espacio público, es el reflejo del amor y la persistencia de un hombre. Se trata del Parque de la Victoria, un lugar que durante años estuvo abandonado, pero que hoy se ha convertido en punto de encuentro para el deporte, la recreación y la vida en comunidad. Detrás de esa transformación está Lesmi Centeno, conocido por muchos como “El Cacique de La Victoria”.
Desde hace más de 15 años, Centeno ha dedicado gran parte de su vida a cuidar y recuperar este espacio que considera suyo, pero sobre todo de la comunidad. Recuerda que cuando comenzó a trabajar en el parque lo encontró prácticamente destruido: instalaciones vandalizadas, zonas abandonadas y un ambiente desolador que alejaba a las familias.
“Cuando recibí este parque estaba abandonado, pero con amor propio y sentido de pertenencia decidí trabajar para recuperarlo”, cuenta. Desde entonces, su rutina se ha convertido en una especie de misión diaria. Barrer, pintar, arreglar daños y vigilar el parque son tareas que muchas veces realiza solo, movido únicamente por el cariño que siente por su barrio.
Con el paso del tiempo, su esfuerzo empezó a contagiar a otros. Vecinos que lo veían trabajando de sol a sol comenzaron a acercarse para ayudar. Algunos aportaban pintura, otros herramientas, y poco a poco el parque empezó a cambiar su rostro.
También reconoce el respaldo que ha recibido de diferentes administraciones municipales y del Instituto de Deportes de Valledupar, Inder Valledupar, que ha brindado apoyo para algunas intervenciones. Sin embargo, asegura que el trabajo físico y constante ha estado principalmente en sus manos.
Uno de los mayores retos fue enfrentar el problema del consumo de sustancias que durante años se apoderó del lugar. Centeno decidió hablar directamente con quienes frecuentaban el parque para pedirles que permitieran recuperar el espacio para la comunidad. “No fue fácil. Tuve que hablar con ellos, sensibilizarlos, explicarles que queríamos un parque para el deporte y para las familias”, recuerda.
Ese proceso también contó con el apoyo de la Policía Nacional y autoridades locales, lo que permitió recuperar el control del parque y abrirle paso nuevamente a la vida comunitaria. Hoy el panorama es completamente distinto. Donde antes había abandono, ahora se respira actividad. La cancha sintética, que había sido vandalizada tras su construcción en administraciones pasadas, fue recuperada y acondicionada. Incluso el área administrativa fue reparada con esfuerzo propio.
El resultado es evidente: ocho escuelas de fútbol entrenan actualmente en el parque, mientras niños, jóvenes y adultos lo utilizan para hacer deporte o simplemente compartir en familia. “El parque ahora está lleno de vida. Son las once o doce de la noche y todavía hay gente haciendo actividad física”, dice con orgullo.
Tanto es el compromiso de Lesmi Centeno con este lugar que muchos aseguran que prácticamente vive allí. Y no es una exageración. Su presencia constante se ha convertido en garantía de cuidado, orden y vigilancia para quienes llegan a disfrutar del espacio.
Aunque el parque ha recibido mejoras recientes, incluida la renovación de la cancha sintética durante la actual administración municipal, Centeno aún tiene un deseo pendiente: renovar el área de juegos infantiles para que los más pequeños también tengan un espacio más moderno y seguro.
Aun así, se siente satisfecho. Ver familias caminando, niños jugando fútbol y vecinos compartiendo en el parque es, para él, la mayor recompensa después de tantos años de trabajo silencioso.
La historia de Lesmi Centeno es, en esencia, la de un ciudadano que decidió no esperar a que otros hicieran el cambio. Con escoba, brocha y mucha voluntad, convirtió un lugar olvidado en uno de los parques más vivos de Valledupar y en un ejemplo de cómo el amor por la comunidad puede transformar un barrio entero.