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El acordeón del destino: El camino de Iván Zuleta hacia la corona del Rey Vallenato 2025

Por
Andres Molina
Monday, May 5, 2025 11:36 AM
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Valledupar.

La noche en el Parque de la Leyenda Vallenata "Consuelo Araújo Noguera" era un hervidero de emociones. Miles de almas aguardaban, con el corazón latiendo al ritmo de la caja y la guacharaca, el veredicto final del 58º Festival de la Leyenda Vallenata.

En la tarima “Francisco el Hombre”, bajo el cielo estrellado del Cesar, Iván Zuleta Barros, con su acordeón al pecho, se alzó como el nuevo Rey Vallenato Profesional, un triunfo que no solo marcó su carrera, sino que consagró el legado de la Dinastía Zuleta, una de las más veneradas del folclor colombiano. Su camino hacia la corona fue un viaje de talento, sacrificio y redención, tejido con los hilos de una herencia musical que resuena desde las sabanas del Caribe hasta el mundo entero.

Iván Zuleta, nacido el 27 de octubre de 1976 en Urumita, La Guajira, lleva la música vallenata en la sangre. Hijo de Fabio Zuleta y Denia Barros, y nieto del legendario juglar Emiliano Zuleta Baquero, autor de La Gota Fría, creció bajo la sombra de una dinastía que ha dado vida a himnos inmortales. Sus tíos, Poncho y Emiliano Zuleta, junto a figuras como Héctor Zuleta, forjaron un legado que Iván abrazó desde niño. A los 11 años, en 1987, ya se coronaba Rey Vallenato Infantil en el Festival de la Leyenda Vallenata, repitiendo la hazaña al año siguiente como Birey Infantil. En 1994, con apenas 18 años, conquistó la categoría Aficionado, demostrando que su talento no era pasajero. Pero la corona profesional, el máximo galardón del vallenato, seguía siendo un sueño esquivo.

El camino de Iván no fue solo de notas y acordes. Desde joven, su acordeón acompañó a gigantes del género: Diomedes Díaz, Poncho Zuleta, Iván Villazón, Rafael Santos y Churo Díaz, entre otros. En 1994, tras la trágica muerte de Juancho Rois, Diomedes lo eligió como su nuevo acordeonero, un honor que marcó su carrera. Con apenas 18 años, Iván debutó junto al “Cacique de la Junta” en el Club Valledupar, un momento que lo catapultó al estrellato. Su digitación precisa y su capacidad para improvisar versos en la piqueria lo convirtieron en un referente, pero también en un hombre consciente del peso de su apellido. “No quiero morirme sin hacerle ese regalo a mi familia”, confesó a los medios antes del festival, refiriéndose a la corona que la Dinastía Zuleta nunca había alcanzado en la categoría profesional.

El 2025 fue un año decisivo. El Festival, que rendía homenaje al fallecido Omar Geles, encendió en Iván una chispa especial. La muerte de Geles, un ícono que lo logró todo en poco tiempo, lo motivó a retomar su sueño. “Uno en el mundo está de paso, qué tal me muera mañana”, dijo en una entrevista, revelando su determinación. Desde noviembre de 2024, Iván se preparó con disciplina monástica. Junto a Enrique “Cosita” Arias en la caja y Jaider Daza en la guacharaca, ensayó sin descanso, puliendo cada aire vallenato: paseo, merengue, son y puya. Su repertorio, un tributo a su linaje, incluyó Gallo Viejo, el son María Jesús y una puya inédita, A la Dinastía Zuleta, que resonó como un manifiesto de identidad.

El 30 de abril, cuando las competencias comenzaron en la Plaza Alfonso López, Iván llegó con la seguridad de un veterano y la humildad de un aprendiz. “Si el festival fuera hoy, hoy estoy listo”, había declarado semanas antes. En las rondas eliminatorias, enfrentó a acordeoneros de la talla de Camilo Molina, Arismaldi Loperena y José González, pero su interpretación impecable y su conexión con el público lo llevaron a la final. La noche del 3 de mayo, en la tarima principal, Iván tocó con el alma. Cada nota era un eco de las parrandas de su infancia, de las enseñanzas de su abuelo, de las noches al lado de Diomedes. El jurado, impresionado por su maestría, lo eligió como el mejor, otorgándole la corona sobre Jairo de la Ossa (segundo lugar) y Camilo Molina (tercero).

El momento de la coronación fue épico. “A mi mamá que estaba preocupada, tranquila, que usted parió un rey”, exclamó Iván, con la voz quebrada, dedicando su triunfo a su familia y a la memoria de Diomedes Díaz. Las redes sociales estallaron en celebración. “Iván Zuleta, nuevo Rey Vallenato. ¡La Dinastía Zuleta por fin tiene su corona!”, tuiteó un usuario de esta red social. Otro usuario lo resumió: “Un triunfo que enaltece a la legendaria Dinastía Zuleta”. Pero Iván, fiel a su esencia, no se quedó en la gloria personal. Anunció que destinaría el premio a la rehabilitación de habitantes de calle, un gesto que mostró su grandeza más allá del escenario.

El camino de Iván Zuleta hacia la corona fue mucho más que una competencia. Fue la culminación de una vida dedicada al vallenato, un homenaje a sus raíces y un recordatorio de que los sueños, cuando se persiguen con pasión, se cumplen. En Valledupar, la cuna del vallenato, su acordeón resonará por siempre como un eco de la Dinastía Zuleta, un linaje que, ahora sí, tiene su rey.

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