Supo cantar el vallenato raizal y el romántico. Nació el 24 de marzo de 1954, en Becerril, César, en el hogar de Cristina Maestre y Rafael Orozco, ambos de origen Guajiro. Estudió la primaria en su tierra natal. Hasta el quinto de bachillerato lo realizó en el Colegio Nacional Loperena de Valledupar, y se graduó de bachiller en el Ciro Pupo de La Paz, ambos pueblos del Cesar.
Desde muchacho estuvo tentado por la música, al intentar ser acordeonero, pero para bien del canto, terminó convirtiéndose en una de las voces más aceptadas dentro y fuera del entorno de la provincia, nicho de la música vallenata.
Ganó en 1975 el concurso de canto organizado por el Colegio Loperena, donde participaron un centenar de jóvenes estudiantes de distintos colegios del Cesar y la guajira, entre ellos, Diomedes Díaz, Adalberto Ariño y Jorge Quiroz.
En ese concurso Diomedes Díaz Maestre le cantó las obras a capela Entre lomas y sabanas, que luego se llamó ‘el 26 de mayo y Cariñito de mi vida, que luego este último se convertió en su primer éxito al lado de Emilio Oviedo. Ese día, al terminar de cantarlas, de viva voz Diomedes Díaz Maestre sentenció: ‘Yo soy el poeta de Carrizal’, ‘el cantor campesino’, ‘el cacique de la Junta’, expresión última que usó luego el cantor de Becerril, al grabarle una obra y catapultarlo con ese remoquete que lo acompañó siempre: ‘el cacique de la Junta’.
Al ser novio de Clara Elena Cabello, quien luego se convertiría en su esposa, donde ella lo insta a que si se va para Barranquilla ‘cogen amores’, le permitió ese lugar, crecer de tal manera, que allí se da la unión con Israel Romero Ospino, acordeonero guajiro, que venía de tener éxitos con Daniel Celedón, cantautor guajiro.
Esa unión de Rafael José Orozco Maestre e Israel Romero Ospino se convirtió en el suceso musical que los catapultó de tal manera, que le permitió a ese binomio musical madurar y cerrar la etapa moderna de la música vallenata, para dar los primeros vestigios de la posmodernidad que la cubre en la actualidad con un profundo hibridismo.
Luego todo eso llenaría a Colombia y muchos lugares del mundo de una música con profundo arraigo citadino, sin dejar de ser vallenata.
Un día triste y oscuro, Rafael José Orozco Maestre, ‘el alumno aventajado del estilo que impuso Alberto Fernández’, se marchó sin despedida, dejando un tremendo vacío humano y musical, imposible de llenar, que solo su obra se hace visible, cada vez que alguien o algún medio muestra su talento, al cantar el vallenato como lo supo hacer, con esa categoría que lo eleva a ser considerado una voz que le dio el prestigio a la obra romántica.
Rafael José Orozco Maestre será homenajeado junto a Israel Romero Ospino, por ser los dos, gestores del ‘Binomio de Oro’, luego de América, en el 59 Festival de la Leyenda Vallenata.
Lo retrato, a ese querido e inolvidable ‘extracundi’, rebosante de alegría y con más de una lágrima cubriendo su rostro. Aunque ya no puede vivir ese reconocimiento, quienes valoramos su grandeza musical, estaremos en primera fila, diciendo: “presente, presente, presente”.