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Opinion

El feminismo no pertenece a la izquierda

Por
Mariana Orozco Blanco
Wednesday, March 18, 2026 6:21 PM
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Después de la victoria de Paloma Valencia en la Gran Consulta por Colombia y su confirmación como candidata presidencial, en una fecha tan importante para el feminismo como lo es el 8 de marzo, se han multiplicado las discusiones sobre sus posiciones frente a temas que generan todavía controversia, entre ellos, los derechos de las mujeres. Diversos portales y activistas han recordado algo que ya debería ser obvio: la elección de una mujer presidenta no garantiza avances en la agenda feminista.

La representación simbólica -una mujer presidenta- no equivale necesariamente a transformación política y social. Que una mujer llegue al poder no significa que promoverá políticas que amplíen derechos, ni que cuestionará las estructuras que históricamente han limitado la autonomía de las mujeres. Y menos si se trata de una figura que representa a las élites del país y que a lo largo de su trayectoria de servicio público se ha identificado con los valores de la derecha.

Sin embargo, el análisis se queda corto cuando por extrapolación se concluye que solo la izquierda puede garantizar avances en esa agenda. Como si el hecho de defender posiciones de izquierda o progresistas bastara para convertir a un proyecto político en aliado del feminismo.

La igualdad no es una consecuencia automática de una ideología. Aunque históricamente el feminismo ha estado más cerca de la izquierda que de la derecha, hoy no es patrimonio de ningún sector político. Los derechos no se garantizan con discursos, sino con condiciones materiales que hagan posible ejercerlos.

Y si de condiciones materiales se trata, conviene hacerse algunas preguntas incómodas.

¿Se pueden garantizar los derechos humanos en un país sometido por grupos armados?

¿Se puede proteger a las mujeres rurales cuando amplias regiones del país están bajo control de esos grupos?

¿Se pueden defender los derechos sexuales y reproductivos con un sistema de salud al que el propio gobierno decidió llevar a una crisis explícita?

¿Se puede cerrar la brecha salarial en una economía incapaz de generar empleo formal?

¿Se puede garantizar acceso a la justicia para las víctimas de violencia cuando las instituciones se debilitan?

¿Se puede hablar de rechazo a la violencia contra las mujeres cuando desde el poder se protege o se minimiza la conducta de abusadores y maltratadores?

Las agendas de igualdad no se sostienen únicamente en declaraciones ideológicas y simbólicas. Necesitan instituciones fuertes, un Estado funcional y una economía capaz de ofrecer oportunidades reales. El debate no debería reducirse a una falsa dicotomía entre una mujer de derechas y un candidato progresista. El feminismo se mide por resultados concretos en la vida de las mujeres, no por simbolismos.

Paloma Valencia no representa al feminismo. La verdad, tampoco creo que le interese hacerlo. Pero Iván Cepeda Castro tampoco.

El candidato del Pacto Histórico ha dicho que quiere continuar el legado de un gobierno que instrumentalizó la causa feminista como bandera de campaña, pero que en la práctica nombró y defendió a funcionarios señalados por maltrato, marginó a Francia Márquez, profirió discursos misóginos y condujo al país a una crisis institucional que golpea especialmente a las mujeres, desde la incertidumbre del sistema de salud hasta el deterioro de la seguridad en amplias regiones del territorio.

La película del hombre progresista que se vale de retóricas de inclusión ya la vimos. En palabras de la misma Francia: “Nos quieren en la foto pero no en la toma de decisiones”.

El Pacto Histórico trata ahora de convencernos de que el feminismo (y ahora también la comunidad LGBTIQ+), le debe algo a la izquierda. No es verdad. No le debemos nada a ningún partido ni a ningún color político, porque la lucha por nuestros derechos se ha construido desde los movimientos de mujeres de todos los sectores.

El feminismo no pertenece a la izquierda. Pertenece a las mujeres que, desde nuestra diversidad, trabajamos por una sociedad más equitativa y justa. Y lo seguiremos haciendo, independientemente de quién llegue a la Presidencia.

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Mariana Orozco Blanco
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