El 13 de abril de 2025 quedó registrado en la historia de Valledupar como el día de la inauguración formal del mirador de Santo Eccehomo. Ese día fue Domingo de Ramos y marcó el inicio de la Semana Santa del año pasado.
Después de muchos contratiempos y tropiezos en el camino, Valledupar pudo tener ese día, abierto al público, el imponente monumento que rinde homenaje al Santo Patrono de la ciudad. Con una inversión superior a los 7.500 millones de pesos, la gobernación del Cesar entregó la obra que está llamada a convertirse en un polo de desarrollo turístico y religioso para la ciudad.
Sin embargo, la tarea aún está inconclusa. Aún falta por hacer la vía vehicular que permita acceder al monumento, la cual, pese a estar formulada en proyecto, no ha podido ser realizada porque el Ministerio del Ambiente no ha dado su visto bueno a la solicitud de exclusión del área especial de reserva ambiental. Sin ese semáforo en verde ambiental, no es posible construir la vía, así sea en placa huella.
De otra parte, es también necesario mejorar el sendero peatonal de acceso al monumento, con barandas de seguridad, pues, ciertos tramos del trayecto representan un alto riesgo de caída a los abismos que hay a lado y lado de la improvisada vía. Este sendero es de muy difícil acceso para los adultos mayores y también para niños menores.
Pero lo más importante es cambiar la cultura de desaseo y de falta de civismo de las personas que visitan al Santo, pues es absolutamente desagradable y vergonzoso observar cómo el sendero peatonal está lleno de basuras que arrojan los visitantes, tales como botellas de plástico vacías, empaques de papas fritas y otras comidas empaquetadas, y, en general, todo tipo de desechos que los peregrinos van arrojando sin ningún pudor por el camino.
Visitar el Eccehomo no es solo un acto de fe: es también un acto de responsabilidad con el entorno natural que lo rodea. Cada botella arrojada al sendero, cada empaque abandonado en el camino, es una afrenta no solo al paisaje sino al propio Santo al que se dice venerar. La conciencia ecológica no puede ser un lujo reservado para los discursos oficiales; debe ser una práctica cotidiana y obligatoria para quienes suben esa cuesta. Respetar el mirador es respetar a Valledupar, su fe y su futuro turístico. Quien no sea capaz de llevarse su basura de regreso, sencillamente no está listo para visitar un lugar sagrado.
Y a las autoridades municipales y departamentales hay que decirles con toda claridad: no pueden dormirse en los laureles. La vía vehicular, las barandas de seguridad, el sendero adecuado para adultos mayores y niños, no son caprichos ni adornos: son deudas pendientes con una ciudad que invirtió más de 7.500 millones de pesos en una obra que hoy luce incompleta e indigna de su propia grandeza. Que el Ministerio del Ambiente no haya dado su visto bueno no puede seguir siendo la excusa permanente; hay que gestionar, insistir y encontrar las soluciones que la obra demanda. Valledupar no puede darse el lujo de tener un monumento de esa envergadura abandonado a su suerte. El mejor homenaje al Santo Patrono de la ciudad es terminar las obras de acceso al mirador.