Curumaní.
El Cesar entró de lleno a una escalada de violencia que hasta hace poco parecía confinada al Cauca y al Pacífico colombiano. En la mañana del sábado 14 de marzo, un grupo armado no identificado detonó un artefacto explosivo, al parecer tipo petardo lanzado desde un dron, contra el puesto de control que la Policía Nacional mantiene en la vía Curumaní–San Roque, frente al establecimiento de comidas Brisas del Oriente, en la entrada al municipio.
La explosión no dejó uniformados heridos, pero su mensaje fue inequívoco: los grupos ilegales que operan en esta zona del departamento están dispuestos a escalar sus métodos de ataque contra la fuerza pública, importando las tácticas de guerra que han ensangrentado otras regiones del país.
La gobernadora del Cesar, Elvia Milena Sanjuan, rechazó el atentado de manera inmediata y ordenó el aumento de unidades del Ejército en la zona para restablecer la movilidad vehicular y reforzar la presencia institucional.
Por su parte, el secretario de Gobierno de Curumaní, Mauricio Armesto, confirmó que tras conocerse el ataque se convocó de urgencia un consejo extraordinario de seguridad para analizar la situación y definir acciones conjuntas con la fuerza pública. "Se están evaluando acciones conjuntas con la fuerza pública para fortalecer la seguridad y evitar que este tipo de hechos vuelvan a repetirse", advirtió el funcionario. Videos difundidos en redes sociales que muestran el momento posterior a la explosión generaron alarma inmediata entre los habitantes del municipio y entre los conductores que transitaban por el corredor vial.
El uso de drones con explosivos para atacar a la Policía ya no es una táctica exclusiva de las disidencias de las FARC en el suroccidente del país. Lo ocurrido en Curumaní es la señal más preocupante de que esa modalidad de guerra está migrando hacia el norte de Colombia, donde estructuras armadas ilegales disputan el control territorial en municipios estratégicos del Cesar.
La zona de influencia de Curumaní ha sido históricamente un corredor sensible por su cercanía con el sur del Cesar y su conexión con rutas del narcotráfico que bajan desde la Serranía del Perijá y la Sierra Nevada.
Las autoridades de inteligencia trabajan para establecer qué organización criminal está detrás del atentado, aunque el modus operandi apunta a grupos con capacidad logística y armamento sofisticado.