Hay verdades que las encuestas no dicen de golpe. Las susurran primero en una, las confirman en otra, y cuando cuatro firmas distintas, con metodologías diferentes, levantadas en semanas distintas y publicadas en medios distintos, empiezan a señalar el mismo horizonte, ya no es un susurro: es un veredicto. Colombia tiene un destino electoral casi escrito, y se llama segunda vuelta.
En los últimos diez días, cuatro de las encuestadoras más reconocidas del país —Guarumo y Ecoanalítica para El Tiempo, Invamer para Caracol y Blu Radio, el Centro Nacional de Consultoría (CNC) para la revista Cambio, y AtlasIntel para Semana— publicaron sus mediciones más recientes sobre la intención de voto presidencial. Cuatro radiografías del cuerpo político colombiano. Cuatro diagnósticos que, leídos juntos, son más poderosos que cualquiera de ellos por separado.
%2010_31_56%E2%80%AFa_m_.jpg)
%2010_33_13%E2%80%AFa_m_.jpg)
Las cuatro encuestas coinciden en algo que debería escribirse en letras de molde sobre el mapa político de Colombia: ningún candidato llega al 50 % más uno que exige la ley para proclamarse presidente en primera vuelta el 31 de mayo. La pregunta ya no es si habrá balotaje. La pregunta es cuáles dos candidatos se darán cita en la segunda vuelta del 21 de junio.
Iván Cepeda, el senador del Pacto Histórico, ha liderado todas las mediciones del año. Su techo es claro: oscila entre el 37 % que le asignan Guarumo y el CNC, y el 44,6 % que le otorga Invamer —la encuesta que históricamente le ha sido más favorable. Lo que ninguna firma le regala es esa mayoría absoluta que lo exoneraría de una segunda vuelta. Cepeda llegará primero a la meta del 31 de mayo. Pero llegará solo, sin la banda presidencial.
Si en las encuestas hay algo que se mueve como una corriente invisible pero imparable bajo la superficie del río, es el ascenso de Abelardo de la Espriella. El abogado barranquillero, que muchos subestimaron, lleva semanas robándole oxígeno político a Paloma Valencia —la candidata que ganó la Gran Consulta por Colombia con más de tres millones de votos— y acortando la distancia con el puntero.
La secuencia es elocuente: Guarumo le asigna el 27,5 %, Invamer el 31,6 %, el CNC el 34 % y AtlasIntel el 37,3 %, en empate técnico con Cepeda dentro del margen de error de esa encuesta. No es una coincidencia. Es una tendencia. Y las tendencias, en política electoral, son como los trenes: quien las ignora, las pierde.
Paloma Valencia, en contraste, tocó su techo y se quedó sin combustible. Tres de las cuatro firmas la sitúan en el 14 %, lejos del segundo lugar, incapaz de remontar una campaña que prometió mucho y entregó poco. La senadora del Centro Democrático no pasará a la segunda vuelta. Lo dice Guarumo (21,7 % vs. 27,5 % de De la Espriella). Lo dice Invamer (14 % vs. 31,6 %). Lo dice el CNC (14 % vs. 34 %). Lo dice AtlasIntel (14,3 % vs. 37,3 %). Cuatro coros en el mismo tono.
%2010_36_57%E2%80%AFa_m_.jpg)
Tercera conclusión: en la segunda vuelta, ganaría De la Espriella
Aquí el panorama se vuelve más denso, como la neblina de la Sierra Nevada cuando el viento no la mueve. Tres de las cuatro encuestas proyectan un triunfo de Abelardo de la Espriella en la segunda vuelta. Solo Invamer discrepa —y lo hace de manera categórica, dándole a Cepeda una ventaja de más de siete puntos—. Pero esa singularidad, leída en contexto, no invalida la tendencia contraria; la pone en perspectiva.
Guarumo proyecta una segunda vuelta a favor de De la Espriella por 3,6 puntos (43,6 % vs. 40 %). El CNC le otorga al abogado una ventaja de 2,7 puntos (43,6 % vs. 40,9 %). AtlasIntel —la encuesta con mayor muestra (4.531 personas) y el menor margen de error (±1 %)— es la más contundente: De la Espriella ganaría con el 50 % de los votos frente al 41,3 % de Cepeda, una ventaja de 8,7 puntos porcentuales.
La explicación de fondo la resumió con precisión Martín Orozco, gerente de Invamer, al señalar que De la Espriella consolida con mayor solidez el voto de derecha y además atrae un porcentaje mayor de votantes de centro que Paloma Valencia. Dicho en términos más directos: el Tigre reúne lo que Valencia dividió. Y ese voto unificado, en una segunda vuelta, tiene un peso decisivo.
El dato del rechazo electoral refuerza esta lectura: Cepeda encabeza la lista de quienes nunca votarían por él. Según el CNC, el 32,7 % de los encuestados descarta de plano la fórmula del Pacto Histórico. Ese muro de rechazo es un techo estructural difícil de derrumbar en tres semanas de campaña.
Cuarta conclusión: los indecisos son los árbitros invisibles del resultado
Sería un error leer estas encuestas como si el resultado ya estuviera grabado en piedra. No lo está. Y la razón más poderosa para mantener la incertidumbre se llama indecisión: ese porcentaje de colombianos que, al momento de la encuesta, no se inclinó por ningún candidato, respondió que no sabe, que no piensa votar o que votará en blanco.
Las cifras son reveladoras: Guarumo registra un 13,7 % de electores que no se ubicaron en ninguna de las opciones principales. El CNC llega al 14,8 %. AtlasIntel, con su metodología digital, reporta cerca del 9,7 %. Si a eso se suma el 16,4 % que en la segunda vuelta de Guarumo dijo que no votaría por ninguno de los dos finalistas, el panorama se complica aún más: en una segunda vuelta tan cerrada como la que proyectan tres de las cuatro encuestas, una masa del 15 % o más de electores sin definir es suficiente para darle vuelta a cualquier pronóstico.
¿A quién favorecen los indecisos? Las encuestas no lo dicen con certeza, pero la lógica política sugiere que la mayoría de los votantes de Paloma Valencia, de Sergio Fajardo y de los candidatos menores migrarán hacia De la Espriella en segunda vuelta, por afinidad ideológica. Si esa migración se consolida, el abogado costeño no solo gana —gana con holgura.
%2010_41_55%E2%80%AFa_m_.jpg)
El elefante en la sala: la dispersión entre encuestadoras
Una lectura honesta de estas cuatro encuestas obliga a reconocer algo que los titulares suelen silenciar: hay diferencias metodológicas que producen resultados muy distintos. La brecha más llamativa está en los números de primera vuelta de Invamer (Cepeda 44,6 %, De la Espriella 31,6 %) versus AtlasIntel (Cepeda 38,7 %, De la Espriella 37,3 %). Ambas firmas son rigurosas. Ambas tienen credenciales sólidas. La diferencia no es un error: es el reflejo de que Colombia tiene una franja volátil de electores cuya intención de voto oscila según el método de captura, el período del trabajo de campo y el encuadre de las preguntas.
Lo que sí es invariable en las cuatro encuestas es la dirección del movimiento: De la Espriella sube; Valencia cae; Cepeda permanece estático en un piso alto pero sin poder crecer. Cuando la tendencia apunta en la misma dirección en cuatro mediciones distintas, esa convergencia vale más que cualquier número individual.
%2010_44_05%E2%80%AFa_m_.jpg)
Lo que nos dice todo esto, visto desde el Cesar
Para los oyentes de Radio Guatapurí y para el departamento del Cesar, este análisis no es una abstracción académica. Es una fotografía del tablero en el que nuestra región también juega. El Cesar es una tierra de voto clientelar y de opinión, de maquinarias y de ciudadanía consciente, de comunidades que conocen de cerca lo que significa el conflicto, la exclusión y las promesas incumplidas. En ese contexto, la elección del próximo 31 de mayo —y la probable segunda vuelta del 21 de junio— importa en términos muy concretos: quién gobernará los próximos cuatro años decidirá qué pasa con las regalías, con la seguridad rural, con las vías, con los proyectos de agua potable que siguen siendo el déficit más vergonzoso de nuestra subregión.
Las cuatro encuestas nos recuerdan también que un porcentaje significativo del electorado —entre el 10 % y el 15 % en las diferentes firmas— aún no tiene candidato definido. En un departamento como el nuestro, ese voto sin decidir es campo fértil tanto para las maquinarias como para la persuasión ciudadana. El voto informado, el voto consciente, es el antídoto contra la manipulación. Y leer bien las encuestas es parte de votar con criterio.
%2010_45_52%E2%80%AFa_m_.jpg)
Las encuestas son retratos del momento: cambian, se equivocan, se acercan. Pero cuando cuatro retratos distintos muestran el mismo rostro de un país que marcha hacia una segunda vuelta inevitable, entre un candidato que encarna la continuidad del proyecto petrista y otro que encarna la alternativa más vigorosa de la oposición, ya no es posible mirar hacia otro lado. Colombia decidirá su rumbo en dos actos: el primero, el 31 de mayo; el segundo, y definitivo, el 21 de junio. Los indecisos —ese quince por ciento que aún no habla— serán quienes escriban el desenlace.
Hablemos de política. No con rabia, sino con criterio. No para dividirnos, sino para elegir bien. Porque Colombia se decide en cada voto, y el Cesar tiene mucho que decir.