Cartagena, Bolívar.
Colombia no está fallando en su transición energética por falta de metas o ambición, sino por problemas estructurales que están frenando su ejecución. Así lo analizaron los expertos en el congreso de Naturgas que se desarrolla en Cartagena de Indias.
Aunque el país se fijó objetivos exigentes de reducción de emisiones, incluso elevando su meta al 51% para 2030, en la práctica no ha logrado avanzar al ritmo esperado, al punto que la meta proyectada para 2035 terminó siendo prácticamente la misma, evidenciando incumplimientos.
Tomás González, director del Centro Regional de Estudios de Energía – CREE, aseguró que el principal problema radica en que la transición energética que es, en esencia, un gran proceso de inversión, y Colombia no está logrando materializar los proyectos necesarios. La dificultad no está en la formulación de políticas públicas, que en teoría trazan el camino, sino en la incapacidad de articular a todos los actores: reguladores, inversionistas y ejecutores. Esto ha limitado la llegada de inversión y, sobre todo, la culminación de proyectos energéticos clave.
A esto se suma una desalineación crítica entre la seguridad energética y la protección social y ambiental. Según expertos, el país no ha logrado equilibrar estas prioridades, lo que está generando riesgos incluso en el suministro de energía, una situación que no se veía desde hace décadas.
Además, indican, que persisten fallas estructurales en el sistema, como subsidios mal focalizados y modelos que no son financieramente sostenibles, especialmente en regiones vulnerables donde el servicio es difícil de operar.
En conclusión, Colombia enfrenta un cuello de botella en la ejecución al no presentar proyectos que se concreten, lo que conlleva a no contar con transición energética, ni garantía de suministro, ni reducción efectiva de emisiones. Los expertos aseguraron que el reto inmediato es reorganizar el modelo, mejorar la coordinación y asegurar que las inversiones realmente se traduzcan en resultados.