Finalizado este festival vallenato que muchos ya consideran uno de los mejores en asistencia de turistas, es conveniente y necesario hacer una pausa para analizar, con cabeza fría, el verdadero impacto socioeconómico de la fiesta de acordeones.
La percepción generalizada en la ciudad es que la edición 59 rompió récords de asistencia por la gran cantidad de eventos realizados en el marco del Festival, cuyos reportes iniciales apuntan a un lleno total. Eso pudo apreciarse no sólo en los lugares donde se realizan los concursos tradicionales como la plaza Alfonso López, la Feria Ganadera, el centro La Pedregosa y, por supuesto, el parque de la Leyenda, sino también en eventos alternos como los clubes sociales, Biblos Festival, y los distintos conciertos y parrandas privadas que se desarrollaron en forma paralela al Festival. Por donde uno caminara, las multitudes abundaban.
Un efecto no deseado de esa asistencia masiva de visitantes fueron los monumentales trancones y embotellamientos en el tráfico de la ciudad. Si bien en algunos puntos se observó la presencia de reguladores de tránsito, como en la carrera novena y en las glorietas del pedazo de acordeón y de la Pilonera Mayor, en otros puntos como el centro histórico brillaron por su ausencia.
Retomando el hilo de esta nota, cabe traer a colación el párrafo inicial del editorial del diario Portafolio titulado “El silencio de los acordeones”, donde el director del medio Jaime Pumarejo, anota lo que sigue: “La semana que terminó, más de 150.000 personas viajaron hasta Valledupar para buscar algo que ningún aeropuerto importa ni ningún algoritmo replica: identidad. La ocupación hotelera rozó el 85%, el aeropuerto movió casi 12.000 pasajeros y 288 emprendimientos locales instalaron sus toldos en el Expofestival.”
Pero la pregunta obvia es de ¿dónde obtuvo el editorialista sus cifras? ¿En cuál estudio de impacto económico la soporta? Porque decir que a Valledupar llegan en Festival 150.000 personas equivale a que la población entera de Aguachica, segunda ciudad más poblada del Cesar, se traslade completa a la capital del departamento. Pareciera ilógico y no creíble a simple vista. ¿Dónde se hospedarán esas 150.000 personas? No hay hotel ni parahotelería ni casas de campo que den abasto para una migración de tal magnitud.
Más acertado, sí, es la cifra de movilización de pasajeros vía aérea (12.000 personas), ya que, en reunión previa con los medios, Avianca informó que aspiraban a movilizar 10.000 pasajeros, luego es creible que el resto de aerolíneas que operan en temporada de festival, más los vuelos charters privados hayan movilizado el resto de pasajeros.
Todo lo anterior nos lleva a la pregunta que es el título de esta nota: Cómo medir acertadamente el impacto socioeconómico del Festival, con cifras reales, aterrizadas y creibles.
Si bien la Cámara de Comercio de Valledupar ha hecho un ejercicio solitario para medir dicho impacto, llegando incluso a establecer un perfil económico del turista, cuánto gasta en promedio, dónde se hospeda, qué consume, a qué eventos asiste, entre otros aspectos, muchos de sus datos se centran en ExpoFestival, la feria comercial de la Cámara y se deja por fuera otros eventos.
Así las cosas, es hora ya que la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata y la propia alcaldía de Valledupar aúnen esfuerzos con la academia para medir en forma adecuada el impacto del Festival. La Universidad Nacional, sede la Paz, tiene un departamento de estadística que bien podría contribuir a dicha causa, lo mismo que entidades como Valledupar Cómo Vamos.
Es importante hacer una buena medición y contar con datos creíbles porque solo así se puede pasar de la percepción y el entusiasmo colectivo a la toma de decisiones estratégicas reales. Un estudio serio y riguroso permite conocer con exactitud cuánto dinero nuevo ingresó a la ciudad, cuántos empleos temporales se generaron, cuál fue el impacto real en el comercio, la hotelería, el transporte y los servicios, y qué sectores se beneficiaron más. Esos datos confiables sirven para justificar ante el Gobierno nacional y los inversionistas privados mayores apoyos, mejorar la planificación urbana, corregir errores logísticos (como los trancones) y demostrar que el Festival no es solo una fiesta cultural, sino un motor económico verificable. Sin mediciones creíbles, las cifras infladas terminan restando seriedad al evento y dificultan que Valledupar pueda competir con otros grandes festivales del país y la región que sí sustentan sus resultados con estudios técnicos.
Por todo lo expuesto, la pregunta central que debemos responder con urgencia es: ¿Cómo medir acertadamente el impacto del Festival? Solo con un esfuerzo conjunto, serio y multidisciplinario entre la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, la Alcaldía de Valledupar, la Cámara de Comercio, las universidades locales y entes como el DANE o consultorías especializadas, podremos contar cada año con un diagnóstico confiable, transparente y útil que permita seguir creciendo de manera sostenible y consolidar al Festival como uno de los eventos culturales y económicos más importantes de Colombia.