Salieron los datos de Pobreza Multidimensional del país, (aquella que es complementaria a al índice de pobreza monetaria y que mide privaciones en salud, vivienda, educación, empleo y niñez) y al Cesar no le fue bien. Con justa razón medios de comunicación y gremios locales, alzaron su voz, hicieron los análisis respectivos y dieron sus comentarios. Exámenes interesantes se pueden leer en Radio Guatapurí y en El Pilón por ejemplo. Eso habla bien de nuestra sociedad. CESORE también quiere contribuir a dicha conversación regional y este documento es su aporte. Todos hemos hablado. Falta que las autoridades regionales, Gobernación y Municipios se pronuncien, sobre las medidas que quieren tomar para contrarrestar la tendencia negativa mostrada en el último año y aquí le proponemos algunas soluciones.
Entre 2018 y 2024 tanto el Cesar como Colombia redujeron su IPM de manera sostenida, con un repunte puntual durante la pandemia (2020). En 2025 las trayectorias divergen: Colombia continúa descendiendo y marca su mínimo histórico (9,9%), mientras que el Cesar repunta (14,8%), lo que amplía nuevamente la brecha entre el departamento y el promedio nacional.
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Entre 34 entes territoriales, -33 departamentos más Bogotá-, el Cesar es el 13 departamento más pobre de Colombia, (en pobreza monetaria es el 5), sin embargo, en el Caribe con la excepción del Atlántico todos los demás departamentos son más pobres que el Cesar. Uno se pregunta si con toda la riqueza del departamento, no debería estar en una mejor posición relativa, y la respuesta obvia es que sí. Con los billones de regalías del carbón recibidos es para que estuviese en mejor posición, es el caso de Meta y Casanare que también tienen regalías y están mejor posicionados que el Cesar.
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2. Variación 2024 → 2025 por Departamento
En el desarrollo social y económico de una región lo más importante es la tendencia y la gradualidad de esta. Los problemas socioeconómicos no mejoran de un día para otro, ni la pobreza ni el desempleo se solucionan de un día para otro por ejemplo, sin embargo si van en tendencia de mejoría y a la velocidad adecuada decimos que vamos por buen camino. El Cesar venía bien reduciendo la pobreza multidimensional como todo el país, pero el año pasado tuvo un traspié serio que hay que analizar, al ser uno de los departamentos que retrocedió en su avance por mejorar el bienestar de sus habitantes. De una disminución de 4.3 p.p del IPM entre 2023-2024, pasó a un aumento de 1.4 p.p entre 2024 y 2025. ¿Qué fue lo que hizo mal el departamento? De pronto inversiones innecesarias, suntuosas que no incidían en el bienestar de los cesarenses, pero si en favores políticos o de contratistas.
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4. Evolución de la brecha Cesar – Colombia
La brecha (Cesar menos Colombia, en p.p.) había venido cerrándose desde 2018 hasta 2024, pasando de 12,6 p.p. a apenas 1,9 p.p. En 2025 la brecha vuelve a abrirse hasta 4,9 p.p., producto del repunte del Cesar combinado con la continua reducción del IPM nacional.
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5. QUE HACER
Si se analizan las principales privaciones de los habitantes del departamento y en dónde se están afectando sus derechos, proponemos para suplir dichas carencias los siguientes programas prioritarios de inversión:
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Hay un déficit crítico en logro educativo que es muy preocupante. Son las personas mayores de 15 años que solamente han realizado 9 años de educación, es decir hasta octavo grado. El 40% de los mayores de 15 años está en dicha situación, 32% en cabeceras y 64% en ruralidad. Es urgente por lo tanto un programa de retención de estudiantes o de finalización de estudios, para lograr por lo menos el título de bachiller y ojalá alguna carrera técnica o tecnológica.
7. CONCLUSIONES.
Lo primero que debemos decir es que lo que se analizó en este informe no son números, son personas y las más vulnerables. Ya lo dijo Radio Guatapurí: “el aumento de la pobreza multidimensional en el Cesar no es un número abstracto: es la historia de familias que no tienen agua limpia para tomar, de jóvenes que trabajan cuando debería estudiar, de adultos sin contrato ni seguridad social, de enfermos que no pueden llegar a un médico.” Por eso es un deber ético principalmente de las autoridades atender dicha población.
En segundo lugar, hay un tema de brecha rural-urbano muy serio, en dónde el sitio dónde vives determina tu condición de vida y no debe ser así: el diario El Pilón lo argumenta de la siguiente manera: “ El rezago más marcado del departamento se concentra en el campo, evidenciando una profunda brecha de desigualdad territorial. Mientras a nivel nacional la pobreza en las zonas rurales logró reducirse, el panorama en el Cesar fue de franco retroceso. Aunque el 76 % de los cesarenses reside en las cabeceras municipales, el peso de la desigualdad recae sobre quienes habitan el campo. De las 336.000 personas que conforman la población rural del Cesar, 97.440 ciudadanos hoy están atrapados en la pobreza multidimensional.” Y la falta de atención a los mismos se explica porque “ están dispersos, su votación es marginal, es más costoso el servicio estatal por habitante, y el gobierno departamental tiene más motivaciones para grandes contratos viales en zonas urbanas de mucho dinero, poca calidad y servicio a medias”
Finalizamos con lo siguiente. Se requiere cerrar brechas urbano-rural y la brecha cemento-capital humano. Eso ojalá sea entendido por las autoridades regionales. Tampoco todo cemento es malo, escuelas, puestos de salud, centros de acopio y placa huellas, son inversiones en infraestructura hipernecesarias en el sector rural, más que avenidas perimetrales en las ciudades. Sin embargo eso no es claro en la mentalidad contratadora de las autoridades.