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Política

Colombia decide: ¿Cepeda o De la Espriella? Lo que revelan (y ocultan) las encuestas

Análisis comparativo de las 3 últimas encuestas (Invamer, Guarumo-Econanalítica y AtlasIntel)

Por
Andres Molina
Sunday, March 1, 2026 2:09 AM
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Colombia está a exactamente tres meses de la primera vuelta presidencial del 31 de mayo de 2026, y a una semana de las consultas interpartidistas del 8 de marzo. En ese contexto, las encuestas no son solo estadísticas: son el barómetro con el que ciudadanos, partidos, candidatos y medios de comunicación leen el pulso de una democracia que sigue buscando su rumbo.

En los últimos días de febrero, tres de las firmas encuestadoras más reconocidas del país —Invamer, Guarumo-EcoAnalítica y AtlasIntel— publicaron sus mediciones más recientes de intención de voto presidencial. Los tres estudios fueron levantados durante el mismo período (entre el 11 y el 25 de febrero) y coinciden en lo fundamental, pero también revelan diferencias que vale la pena leer con cuidado. Para los oyentes de Radio Guatapurí y para el departamento del Cesar, entender qué dicen y qué no dicen estas encuestas es una herramienta de ciudadanía activa.

El siguiente cuadro comparativa resume las principales variables metodológicas de cada encuesta, como sus principales resultados.

El panorama de las tres encuestas: lo que se repite

Lo primero que salta a la vista es la consistencia entre las tres firmas en un punto central: el senador Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico y representante de la continuidad del proyecto político de Gustavo Petro, lidera la intención de voto en primera vuelta. Invamer le otorga el 37,1 %; AtlasIntel el 37,0 %; y Guarumo-EcoAnalítica el 31,7 %. Todos lo ponen primero. Todos lo ponen lejos de la mayoría absoluta que se necesita para ganar en la primera vuelta.

El segundo lugar, de igual manera, no admite discusión entre las tres encuestas: el abogado Abelardo de la Espriella, abanderado del movimiento Defensores de la Patria, ocupa el segundo puesto en las tres mediciones. Pero aquí empieza lo interesante: mientras Invamer le asigna un 18,9 % —una diferencia de 18,2 puntos con Cepeda—, AtlasIntel lo mide en el 34,7 %, reduciéndole la brecha al líder a apenas 2,3 puntos. Guarumo se sitúa en el medio: 22,6 % para De la Espriella y una diferencia de 9,1 puntos.

Esta dispersión es la señal más importante del análisis comparativo. No es que una encuesta sea verdadera y las otras falsas: cada una tiene sus propias fortalezas metodológicas. Lo que nos dice esa diferencia es que hay una franja real del electorado colombiano que está oscilando, y que la carrera presidencial entre estos dos candidatos podría ser mucho más cerrada de lo que muchos suponen.

Las sorpresas: Claudia López y Paloma Valencia suben

Más allá del duopolio Cepeda-De la Espriella, las tres encuestas registran ascensos llamativos que merecen atención. La exalcaldesa de Bogotá Claudia López y la senadora Paloma Valencia protagonizan el crecimiento más notable del ciclo electoral reciente.

Valencia llegó al 10 % en Invamer y Guarumo —habiendo comenzado el año con menos del 2 %— y al 4,3 % en AtlasIntel. Aunque la tercera firma le da un número menor, la tendencia alcista es innegable en todas. Claudia López, por su parte, pasa al doble dígito en Invamer (11,7 %), aunque Guarumo la mide en un 5 % y AtlasIntel en apenas el 2 %. Las consultas interpartidistas del 8 de marzo —en las que ambas aparecen como las candidatas más fuertes de sus coaliciones— podrían ser el trampolín que confirme o desinfle esas expectativas.

Sergio Fajardo, en cambio, representa el caso opuesto: el referente histórico del centro político colombiano sigue perdiendo terreno. Invamer lo baja al 6,6 %; Guarumo al 3,6 % (aunque AtlasIntel lo mantiene en 6,9 %). Su apuesta de no participar en consultas parece haberle costado visibilidad en esta etapa.

La segunda vuelta: ¿está realmente definida?

La lectura más política y más polémica de estas encuestas viene precisamente de los escenarios de segunda vuelta, programada para el 21 de junio. Y aquí las tres casas encuestadoras divergen de manera significativa.

Invamer pinta una segunda vuelta cómoda para Cepeda: 59,4 % frente al 37,4 % de De la Espriella, una distancia de 22 puntos que difícilmente se remontaría en campaña. Guarumo-EcoAnalítica la muestra mucho más competida: 39,1 % para Cepeda y 35,2 % para De la Espriella, con más del 25 % de indecisos que podrían inclinar la balanza en cualquier dirección.

Pero es AtlasIntel quien pone el dato más disruptivo sobre la mesa: en el escenario Cepeda vs. De la Espriella, la firma señala un empate técnico con 38,9 % y 39,1 % respectivamente, dentro del margen de error de 1 %. En ningún otro escenario planteado —Cepeda vs. Valencia, Cepeda vs. Fajardo— el candidato del petrismo pierde. Pero el balotaje contra De la Espriella es, según AtlasIntel, una carrera abierta.

Ese dato cambia todo el relato. Si el margen en segunda vuelta es de empate técnico, la elección del próximo presidente de Colombia dependerá de factores que ninguna encuesta puede medir con precisión: la movilización de maquinarias electorales en regiones como la Costa Caribe, el Llano y el Eje Cafetero; la decisión final de millones de indecisos; el resultado de las consultas del 8 de marzo; y cómo se mueva el voto de los candidatos que queden eliminados en primera vuelta.

Lo que las encuestas no dicen: una mirada desde el Cesar

Desde el Cesar y la región Caribe, estas encuestas tienen un déficit evidente: ninguna de las tres publica un desglose regional que nos permita saber cómo está el panorama en nuestro departamento. 

Invamer indica en su ficha técnica que encuestó siete municipios del Cesar a saber: (i) Agustín Codazzi, (ii) Astrea, (iii) Bosconia, (iv) Curumaní, (v) El Copey, (vi) La Paz y (vii) Valledupar. Dejando por fuera prácticamente al sur del departamento (no incluyó a Aguachica) y a poblaciones con gran peso electoral como Chimichagua, mucho más representativas que Astrea, La Paz y El Copey. Tampoco nos dice esta firma cuántas personas encuestó en cada municipio.

Guarumo-EcoAnalítica menciona que la región Caribe representa el 18,6 % de su universo de estudio —el segundo bloque regional más grande, después del Centro-Oriente—, y, a diferencia de Invamer, nos dice cuántas personas fueron encuestadas en cada municipio. En el caso del Cesar, estos son los resultados: Aguachica (44), Agustín Codazzi (48), y Becerril (24). Como salta a la vista, Guarumo no incluyó a Valledupar, la capital del departamento, lo que puede considerarse como una omisión inexcusable.

Por su parte, AtlasIntel midió en El Cesar tres municipios: La Jagua de Ibirico, Curumaní y Valledupar.

Esto importa. El Cesar es un departamento con dinámica electoral propia: con fuerte presencia de maquinarias políticas, estructuras de partidos tradicionales y una ciudadanía que en las últimas décadas ha vivido el conflicto armado, la crisis del sector agropecuario y las promesas incumplidas de distintos gobiernos. Los números nacionales no necesariamente reflejan lo que pasa en Valledupar, Aguachica, Codazzi o La Paz.

Un dato que sí resulta relevante para entender el tablero regional: Guarumo-EcoAnalítica revela que el 31,8 % del electorado colombiano se declara de derecha, el 31,2 % de izquierda y apenas el 9,6 % de centro. El 23,9 % no se identifica con ningún espectro. Esa distribución, en regiones con historia de conflicto como la nuestra, puede leerse de manera distinta a las ciudades: el voto de opinión cede frente al voto influenciado por poderes locales y estructuras clientelistas.

En el Cesar, con su mezcla de minería, agro y desafíos como el desempleo (superior al nacional), Cepeda podría apelar a votantes que valoran subsidios y paz, mientras De la Espriella atrae a quienes priorizan orden y economía liberal. Candidatos de centro como Fajardo o López, con 2% a 11,7%, luchan en un espectro donde el 31,8% se declara de derecha y 31,2% de izquierda, según Guarumo. La baja participación en consultas (58% no votará en Guarumo, 12% por consulta en AtlasIntel) sugiere apatía, especialmente en regiones periféricas como la nuestra, donde la logística electoral es un reto.

Un país que vota dos modelos de Estado

Lo que estas tres encuestas dibujan, más allá de los porcentajes, es que Colombia se encamina hacia una elección que no es solo entre candidatos: es entre dos modelos de país. El 31 de mayo, y, probablemente, en la segunda vuelta el 21 de junio, los colombianos decidirán si profundizan el camino iniciado por el gobierno de Gustavo Petro —con sus reformas, su modelo económico y su apuesta por la paz total— o si giran hacia una propuesta que lo desmonta y ofrece un estado diferente de cosas.

La polarización que revelan las encuestas —con un 31 % identificado como izquierda y un 32 % como derecha, y un centro que se desangra— es el termómetro más claro de esta realidad. Colombia está fragmentada, pero esa fractura no es nueva: lo que cambia es que ahora las dos orillas tienen candidatos que las representan con claridad.

Para los habitantes del Cesar, que conocemos de cerca lo que significa vivir la violencia, la pobreza y la exclusión, este es el momento de preguntarnos: ¿cuál de estos modelos de país nos conviene más? ¿Cuál ha demostrado que puede transformar las condiciones de vida de la gente del común? ¿Y cuál sigue prometiendo lo que no ha cumplido?

Lo que viene

Las encuestas son retratos del momento. Cambian. Se equivocan. Se acercan. Lo que no cambia es la responsabilidad de cada ciudadano de leerlas con criterio, de no dejarse llevar por titulares simplistas y de ir a las urnas con información y criterio, para que su voto sea un voto informado, una decisión consciente, y no un voto mecánico, que sigue la tendencia en forma irreflexiva.

El 8 de marzo, Colombia vota por el Congreso y por tres consultas. El 31 de mayo, por su presidente. Y si nadie alcanza el 50 % (escenario más probable), el 21 de junio decidirá el rumbo de los próximos cuatro años. Tres fechas que merecen tres veces más atención y preparación ciudadana de la que suelen recibir.

Estas encuestas importan porque marcan el pulso de un país en transición. Con Petro en su recta final, el 2026 decidirá si Colombia profundiza en reformas sociales –como Cepeda propone, con énfasis en equidad y paz– o vira hacia un conservadurismo firme, como De la Espriella, enfocado en seguridad y economía tradicional. La polarización, con 71,7% concentrado en ellos según AtlasIntel, podría exacerbar divisiones, pero también movilizar votantes.

Hablemos de política. No con rabia, sino con criterio. No para dividirnos, sino para elegir bien. Porque Colombia se decide en cada voto, y la Costa Caribe tiene mucho que decir.

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