Valledupar.
Dayana del Carmen Rivero Vergara, una joven de 27 años oriunda de Ovejas, Sucre, perdió la vida en la madrugada cuando la motocicleta en la que viajaba como parrillera impactó violentamente contra un camión recolector de basuras de la empresa Aseo del Norte. El accidente ocurrió en la carrera 4, en las inmediaciones de la Glorieta de los Juglares, sobre la vía que conduce al balneario Hurtado, uno de los sitios de mayor afluencia vehicular y peatonal de la ciudad. Una vida de 27 años se extinguió en cuestión de segundos en un lugar que debería ser tránsito cotidiano, no escenario de tragedias.
El conductor de la motocicleta, identificado como Camilo Andrés Gutiérrez Montes, de 26 años, resultó herido y fue trasladado a un centro asistencial. Las autoridades establecieron que Gutiérrez Montes habría perdido el control del vehículo por dos factores que, combinados, son una sentencia de muerte sobre cualquier vía: el exceso de velocidad y el consumo de bebidas embriagantes. Mientras él sobrevivió para enfrentar las consecuencias legales de su negligencia, Dayana pagó con su vida el precio de una decisión que no fue la suya. Personal del Laboratorio Móvil de Criminalística de Tránsito Municipal realizó los actos urgentes en el lugar y trasladó el cuerpo de la víctima a la sede de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Valledupar.
Este accidente no es un hecho aislado ni una desgracia inevitable. Es el resultado predecible y evitable de conducir una motocicleta bajo los efectos del alcohol y a exceso de velocidad en horas de la madrugada, cuando el cansancio, la oscuridad y la menor presencia de controles viales crean las condiciones perfectas para la tragedia.
Dayana Rivero Vergara no era de Valledupar. Vino desde Ovejas, Sucre, y aquí encontró la muerte en la madrugada de un domingo, en una ciudad que no era la suya, en una moto que no era la suya y por una causa que no fue su responsabilidad. Eso es lo que hace esta historia particularmente dolorosa: era una pasajera, una acompañante, alguien que confió su vida en manos de un conductor que no estaba en condiciones de conducir. Su familia en Ovejas recibe hoy la peor noticia posible, y la justicia tiene la obligación de determinar las responsabilidades penales que correspondan al conductor del vehículo.
Las autoridades de tránsito de Valledupar y la Policía Nacional deben intensificar los controles de alcoholemia en las vías de la ciudad, especialmente en las noches de fin de semana y en los accesos a zonas de recreación como el balneario Hurtado. Cada retén que se instala, cada conductor que se detiene antes de arrancar borracho, cada vida que se salva es el resultado de una decisión institucional de tomar en serio la accidentalidad vial. Dayana ya no puede ser salvada. Pero la siguiente víctima, sí.