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"El Tigre" juró: De la Espriella asumió la presidencia de Colombia entre vítores, banda tricolor y una oposición que no lo reconoce

Cali fue el epicentro del cambio de mando más inédito en la historia reciente de Colombia. Entre promesas de "orden, autoridad y libertad", el abogado caribeño rompió el protocolo, se ciñó la banda presidencial y lanzó un ultimátum a las estructuras criminales del país, mientras del otro lado de la orilla política, Iván Cepeda encabezaba actos de "desobediencia civil" en Barranquilla.

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Redacción general
Saturday, August 8, 2026 10:13 AM
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Un cambio de mando fuera del libreto

Colombia amaneció el viernes 7 de agosto con el cierre de un capítulo político y la apertura de otro marcado, según sus propias palabras, por el fin de "la horrible noche". Abelardo de la Espriella, abogado penalista convertido en fenómeno electoral, se posesionó como presidente de la República para el periodo 2026-2030 en una ceremonia que, deliberadamente, se alejó de la rigidez protocolar de las tomas de posesión anteriores. El acto central se realizó en la Arena de la Universidad Santiago de Cali (USC), ante 2.500 invitados, engalanada con 10.000 flores blancas y resguardada por más de 11.000 uniformados. Allí, el presidente del Congreso, Honorio Henríquez, le impuso la banda presidencial, en medio de un ambiente que combinó alabanzas religiosas —a cargo del rabino David Michan, el pastor Eduardo Cañas y monseñor Francisco Javier Múnera— con el canto del Hallelujah.

El discurso que rompió la tradición: de Cali al Batallón Pichincha

En un giro inesperado, De la Espriella decidió no pronunciar su discurso de posesión ante el auditorio de la Arena USC, sino trasladarse al Batallón Pichincha, donde habló por primera vez al país como presidente frente a los altos mandos de las Fuerzas Militares y de Policía. La elección del lugar no fue casual: el nuevo mandatario evocó la gesta libertadora de Joaquín de Cayzedo y Cuero y afirmó que "la independencia no se conserva en los libros, sino que debe lucharse cada día". Durante una intervención de más de una hora, sostuvo que había llegado "el tiempo de la recuperación del orden, la autoridad y la libertad" y prometió ser "el presidente de todos los colombianos, de quienes me honraron con su voto y de quienes depositaron su confianza en otras opciones políticas".

Mano dura contra el crimen y fumigación de cultivos de coca

La seguridad ocupó el primer bloque de su hoja de ruta. De la Espriella anunció que en los próximos días publicará un listado oficial de "grupos narcoterroristas" para que la Fuerza Pública los combata sin negociaciones, en contraste con la política de "paz total" del gobierno saliente. También confirmó que retomará la fumigación de cultivos ilícitos con herbicidas que, según afirmó, "no hacen daño a la salud humana ni afectan el medioambiente", con el objetivo de que "la coca dé paso al coco, al cacao, al café y a una agricultura honrada". A las Fuerzas Militares les prometió respaldo jurídico y citó una frase de Winston Churchill sobre la victoria "a toda costa" —un gesto que sus críticos leyeron como una señal de mano dura y sus simpatizantes, como una promesa de firmeza frente al conflicto armado.

Congelamiento del gasto, reforma tributaria y el rescate de Ecopetrol

En el frente económico, el nuevo mandatario ordenó, por decreto, congelar el gasto público y anunció una reforma tributaria estructural que buscará simplificar el sistema y eliminar el impuesto al patrimonio. "Mi objetivo es combatir la evasión y crear un ambiente favorable para la inversión, la producción y el empleo", señaló, al tiempo que se comprometió a respetar la independencia del Banco de la República. También calificó de "alevosamente depredada" la situación de Ecopetrol durante el gobierno anterior y anunció una apuesta por la seguridad energética que incluye el desarrollo de "fracking responsable y sostenible", además de medidas para enfrentar el fenómeno de El Niño y evitar apagones.

Salud, justicia y un límite claro: "no habrá constituyente"

Sobre el sistema de salud —uno de los temas más álgidos del debate público colombiano— el presidente aseguró que buscará "recuperar lo que se ha deteriorado" como "consecuencia de decisiones equivocadas" del gobierno anterior, y adelantó que no abordará el tema "desde tesis ideológicas". En materia judicial, prometió respetar la independencia de las Cortes y a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), aunque advirtió que la mantendrá "bajo su lupa" por considerar que "nació sin la aprobación popular". Uno de los anuncios más esperados por analistas y opositores fue el cierre categórico a cualquier intento de asamblea constituyente: "No creo en asambleas para alterar las reglas de la república, prolongar el ejercicio del poder o rehacer las instituciones al capricho de quienes gobiernan", afirmó, citando a Thomas Jefferson sobre la rotación del poder.

Invitados internacionales y una alianza ideológica en ascenso

La posesión reunió a mandatarios y delegaciones de más de veinte países. El momento más comentado en redes fue el efusivo saludo entre De la Espriella y el presidente argentino Javier Milei, quien lo recibió gritando "¡El Tigre!", a lo que el colombiano respondió "El Tigre y el León". También estuvieron presentes el presidente ecuatoriano Daniel Noboa y el canciller israelí Gideon Sa'ar, quien habló del inicio de una "era dorada" en las relaciones bilaterales. La presencia de estas figuras confirma el giro hacia la derecha regional que representa el nuevo gobierno colombiano y anticipa alianzas diplomáticas que marcarán su política exterior en los próximos cuatro años.

La otra Colombia: Cepeda desconoce la posesión y llama a la "desobediencia civil"

Mientras en Cali se desarrollaba la ceremonia oficial, el senador Iván Cepeda —quien perdió la segunda vuelta presidencial por un margen de apenas 250.830 votos— encabezó actos paralelos de oposición en Barranquilla, Bogotá y Cali, organizados por el Pacto Histórico bajo la consigna de "desobediencia civil pacífica". Cepeda cuestionó la legitimidad del nuevo mandatario por conservar la ciudadanía estadounidense y anunció la conformación de un "gabinete alterno" para vigilar al Gobierno desde el primer día. La respuesta no se hizo esperar: el presidente del Partido Conservador, Efraín Cepeda, calificó de incongruente que el candidato perdedor desconociera la presidencia mientras designaba un gabinete de oposición "al presidente de la República". La escena confirmó que De la Espriella gobernará un país profundamente dividido, en el que la izquierda —representada ahora por Gustavo Petro como jefe político— retiene cerca de la mitad del electorado.

Un "Tigre" que promete límites: la lectura de los analistas

Más allá de la controversia, analistas políticos coincidieron en que el discurso de posesión combinó dos caras del nuevo mandatario: la del líder de mano dura dispuesto a "morder duro" frente al crimen, y la de un hombre institucional que se comprometió a respetar los contrapesos democráticos —las Cortes, el Congreso, los gobiernos locales y la protesta social—. "El primer campo de batalla de un gobernante es su propio corazón", dijo el propio presidente, en una frase que sus analistas leyeron como un reconocimiento de que ejercer el poder exige autocontrol. La verdadera prueba, coincidieron varios observadores, llegará cuando esos límites institucionales choquen con la ambición de su programa de gobierno.

Lo que viene: una patria "milagro" a prueba de hechos

Con el cierre de la era de Gustavo Petro —quien se despidió asegurando que "aquí cumplo" y respetó el mandato popular de entregar el poder en la fecha prevista— y el inicio de la llamada "patria milagro", Colombia entra en un nuevo ciclo político de cuatro años cargado de expectativas y desconfianzas simultáneas. De la Espriella cierra su discurso con una frase que, a partir de ahora, definirá el juicio público sobre su gestión: "Que sean los hechos los que hablen por mí". El reto será mayúsculo: gobernar un país fracturado, sostener sus promesas de seguridad y recuperación económica, y demostrar —frente a una oposición que ya lo desconoce y una comunidad internacional expectante— que el rugido del Tigre puede traducirse en resultados concretos para los colombianos.

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