Radio Guatapurí 740 AM

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Celso Guerra Gutierrez (74)

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Desde los más profundo de mí ser, agradezco a las personas que  estuvieron  pendientes de  mis quebrantos de salud, estas personas  con su solidaridad me ayudaron a regresarla,  a los jinetes del aire  de Radio Guatapuri que siempre han estado en sintonía de esta poderosa y siempre presente emisora de la región  y  Colombia, ellos fueron determinantes con sus fuerzas positivas en estos esfuerzos.

Agradezco  La abnegación y conocimiento,  de todo el cuerpo médico y paramédico de la clínica del Cesar  en  cabeza del prestigioso médico Rubén Sierra Deluque , del acucioso y siempre alegre Pedro Rodríguez y la prontitud y sedosas manos  del joven sandiegano, Ernesto Guerra,  ellos  con su mística muestran a Colombia que en Valledupar  y la región, los científicos  de  la medicina siguen el apostolado  de galeno, medicina  al servicio del enfermo.

 Mi infinita  gratitud  por el buen trato que recibí  en mi proceso de cateterismo, antes, durante y postoperatorio  de  parte de  la cardióloga  María Patricia Gutiérrez Noguera de la  clínica del instituto cardiovascular del Cesar, ellos  trabajan vigilantes las 24 horas, por la salud del corazón del Valle.

A mis compañeros les presento mis excusas por el momento de intranquilidad que soportaron por mi crisis de salud, pero la a vez les agradezco su permanente interés  en la recuperación de la misma.

Reconocer a Andrés  Molina su preocupación  durante este proceso de dificultad; durante mi estado de convalecencia  siempre estuve enterado, por diferentes voces que  llegaban,  de su interés por  mi pronta recuperación.

A mi  compañera  Judith, mis hijos, Camilo, Alfonso  que estuvieron en ese instante  cerca de mí cuando apenas se insinuaba el alba de ese fatídico día y se presentó la emergencia  al sentir la carencia  del  oxígeno por culpa de acumulación de líquido en los pulmones, mis hijos  prendieron las alarmas y salieron en búsqueda de ayuda vehicular para mi transporte a la clínica y tratar de salvar mi vida.

Durante la espera del taxi, fueron instantes eternos, de mucha angustia, sentía que mi tiempo  en la tierra se estaba agotando, me ahogaba en la región  a la cual sus compositores  han cantado al esplendor de la  aurora  en   una mañana primaveral, otros han desahogado sus penas, en mañanitas de invierno.

Ante la eminencia de caerme la gota fría, puse pies  en polvorosa  al subirme  en  el taxi “zapatico” salvador, había llegado fustigado por mi hijo Camilo como salvavidas del náufrago que claudicaba ante el embate y  acecho de la muerte agazapada.

Raudo partimos a la clínica del Cesar, en búsqueda de auxilio de la ciencia médica, como lo hizo Calixto Ochoa cincuenta años atrás, cuando vivió un trance parecido por los caminos de Colombia  y lo dejo plasmado para la posteridad en una canción que título, “La Ciencia Médica”.

 A nuestra llegada hubo reacción  inmediata del cuerpo médico  de turno en urgencias  de la clínica, lo que nos salvó la vida, por ello le aplicamos el viejo aforismo del  campesino cantor filosofo de oriundo de La Junta, Diomedes Díaz……..“Tendrá que esperar”. 

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El  8 de abril  de 1965, se repitió  un suceso muy  particular, en el caserío  de Zambrano, ya había sucedido  en la cabecera municipal,  San Juan del Cesar, La Guajira; en Zambrano, Isaac Carrillo es muy apreciado por sus canciones y ejemplar comportamiento, el evento se presentó  en  la celebración del matrimonio, de Alonso Mendoza y Flor Orozco,  nuestro artista fue  invitado para agasajar  con su música  a los contrayentes y  resto de pueblos vecinos  convidados.

La pareja de  novios eran  personas de  consideración, por lo que la celebración fue preparada con esmero, hubo abundante comida criolla, enlatados y licor, el avituallamiento estaba previsto para tres días de festín.

Nadie  imaginaba que tanta alegría se malograría  rápidamente  por servirles a los invitados  comida  enlatada  en vez de la  criolla, habito poco usual en  la región, no sabían los apuros que traería la novelería.

La ceremonia religiosa fue en San Juan del Cesar, la pareja prometió  amor y compresión en los malos y buenos tiempos,  la separación tendría que esperar, hasta cuando la muerte lo dispusiera, diría Diomedes.

El gozo  era total, los buenos augurios con arroz lanzados a  los desposados así lo preveían, ¡arriba el  novio, que viva la novia ¡  déjenlos que se acomoden como sea ,grito un entonado invitado  

 Después del protocolo religioso arranco la fiesta, el jolgorio reinaba en todos los rincones del pueblo, brindis iban y venían, hasta que el alimento importado fue servido,  provoco   todo tipo de problemas  a novios,  invitados y colados, la intoxicación fue masiva, provoco nauseas, vómitos, mareos, diarrea, y otros malestares de estómago.

Caos total, las personas corrían para todos lados buscando solucionar su imprevisto,  ¡no hay cama para tanta gente ¡diría  el gran  Combo de puerto Rico, al no haber  en   la población los suficientes sanitarios  para solucionar semejante emergencia fisiológica,  tuvieron que acudir a los corrales, potreros, gallineros, otros  evacuaron sus desechos  orgánicos a campo abierto

Para este tipo de daños estomacales   la gente acudió a las bebidas efervescentes por su facilidad de preparar y costo la más popular entre todas era la Sal de Frutas lúa, se podía comprar por unidad en la tienda más apartada de la región caribe.

Ante tal emergencia, las papeletas  de la sal de frutas  se agotaron en  Zambrano y resto de poblaciones aledañas ; para calmar  los dolores de barriga  hubo que acudir a los remedios caseros,   chicoria, cola de caballo, manzanilla; “No hay trapo pa la diarrea José”, exclamaría “Poncho” Zuleta. 

Este acontecimiento macondiano del cual Carrillo también fue protagonista al tocarle a él, correr al monte   buscar remedio para sus males, lo enmarco en la historia con la canción “La Sal de Frutas”, la grabo con Nicolás Mendoza.

Hubo un matrimonio  de muchos invitados /En la plaza de San Juan la gente quedo alarmada /Fue por la comida que estaba dañada /Los que la comieron quedaron intoxicados / después supe yo que los zambraneros/ pasaron un mal rato muy desesperados  /se veían correr pa los potreros/ y las sal de frutas se agotaron. 

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El primer jerarca católico Latinoamericano que ostenta la dignidad papal, proveniente del confín del mundo, de la tierra del fuego, muy cerca  de la Patagonia.

Un latino en el  trono de Pedro era clamor general dentro de la feligresía, debido a que el mayor número de creyentes  de esta religión está  en  américa parlante, la devoción por este carismático y sencillo personaje religioso se lo demostró Colombia en su visita reciente a nuestro territorio, su paso por las diferentes calles de nuestro país,  en su papa móvil   y  misas oficiadas por su santidad concurrieron millones de personas  que sintieron la espiritualidad que irradia este carismático personaje.

Su sencillez y amor por los pobres, niños y enfermos,  rompió con los paradigmas y comportamientos ofensivos al principio moral  que habían perdurado durante siglos en la iglesia, hasta el extremo de crearse enemigos poderosos dentro del vaticano, cardenales  que están contra de sus principios filosóficos y humanitarios.

Jorge Mario Bergoglio, desde un principio demostró que su papado iba a ser diferente al de sus ortodoxos antecesores,  renuncio a lujos y boato.

Uno de los primeros actos de  su autonomía fue manifestar, como buen argentino, su pasión por el futbol  y su favoritismo por  el Club San Lorenzo, equipo por el cual ha pasado todo tipo de padecimientos debido a  los  altibajos deportivos.

Bergoglio  fue el cura oficial de este onceno, se reunía con sus jugadores en el camerino, allí exorcizaba los malos espíritus, hasta que llego a la dirección técnica, Marcelo Bielsa, lo considero de mal agüero, lo mando a sacar  del camerino prohibiéndole  la entrada a ese sitio,  Bielsa años después,  mostró su arrepentimiento cuando  se enteró  que el clérigo al que había mandado a salir del camerino hoy es el papa.

El compositor  Hernán Villa, de San Jacinto, Bolívar, residente en Cartagena, “El Corroncho,  así  es conocido, hizo  una canción vallenata al papa cuándo este fue exaltando a esta dignidad, en el  elogia  que un latino hubiera sido elegido para tan alta jerarquía religiosa, para celebrar le mandaría  al vaticano  un saco de yuca harinosa  con un pote de suero criollo y saboree un de los platos más típicos de la región caribe y para la siesta duerma y se mezca  una hamaca San Jacintera.

Que grande seria la sorpresa del “Corroncho”  Villa, cuando cuatro años después recibió del vaticano un sobre, él y su señora  pensaron que allí venia  alguna ayuda económica, ya que en el fondo de la misiva  palpaban algo muy similar a unos billetes, recogieron todos los recibos de servicios públicos, le mandaron a pedir la cuenta al cachaco de la tienda para saldar sus deudas, emocionados abrieron el sobre encontraron una nota de  agradecimiento por  la canción a su santidad y lo que ellos creían eran  billetes  de euros o dólares, no era más que unas estampitas del papa Francisco.

La labor del misionero de paz en nuestro país se cumplió a cabalidad, dijo: “no se dejen quitar las ilusiones, perseveren por ellas”, hablo a los corruptos,”El demonio esta en los bolsillos”.

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Durante finales de los años 50 y comienzo de los  60, se generó en  Latinoamérica un fuerte movimiento musical juvenil  por la irrupción de artistas como, Elvis Presley y los, Los  Beatles, la nueva ola fue llamada, influencio a jóvenes del continente, desde el golfo de México hasta la Patagonia en la Argentina.

Colombia no fue excepción y  coincidió  con la fuerte penetración de la incipiente radio a regiones lejanas e impenetrables, lo que motivo  al  gobierno de Rojas Pinilla, a sacar una ley  obligando a las radio estaciones  a tener un radio teatro y presentar  viejos y nuevos  artistas para forjar nuevos valores, esta medida  había sido tomada en otros países.

En el nuestro  los resultados fueron  sensacionales, surgieron artistas de extraordinaria trascendencia, Claudia de Colombia, Òscar Golden, José David Quintana, “El loco” Quintero, Adolfo Echeverría, Nurys Borras, en México, Enrique Guzmán;  Argentina, Sandro, “Palito” Ortega.

Barranquilla, pionera de la radio en Colombia, irradio su influencia por toda la costa a través de sus potentes emisoras, la competencia era brava, los curramberos enviaron  locutores  experimentado en estas lides a otras capitales de la costa caribe, como ocurrió con Valledupar.

A pesar que Radio Valledupar, fue la primera Emisora de Valledupar, 1957, y dio oportunidad a los primeros comunicadores de la región, no tuvo el beneplácito del oyente, como si, radio Guatapuri desde sus primeras emisiones al aire en 1963, con programación variada, fue la primera emisora local que tuvo radio teatro con programas que calaron en el gusto del pueblo.

Dice Emilio Arias Acosta, experimentado comunicador , “uno de los primeros programas de radio teatro de esta emisora fue, Estrellas y Estrellados de la canción, se hacia los domingos  abajo  producción y animación de  locutores barranquilleros, Andrés Salcedo y Alberto Luis Colina, después lo presentaba  personal local incluida Lolita Acosta”, este espacio tuvo  aceptación total,  todo Valledupar, que no sobrepasaba los 20 mil habitantes, seguía el programa en el dial o se volcaba a la emisora, llegaban artistas aficionados de toda la comarca cantando o ejecutando varias facetas , era  un verdadero reality.

En ese escenario estuvieron   “El Trio Los Inseparables” integrado por la guitarra puntera Luis Uribe; guitarra acompañante, Ricardo Roncancio; Maracas y voz Wallberto Villamil; “Los Cesares” con Ramón Martínez, Rodolfo “El veje” Bolaño, compositor de la canción  “Viejo Valledupar”, y Octavio Pérez, “el Trio Malanga”, y recientemente,  “El Trio de Oro” con Leónidas, Freddy y Sergio Moya Jr.

El radio teatro de Guatapurí  que aún  existe, fue núcleo  de eventos importantes,  creación del departamento,  del festival vallenato, fue epicentro del desaparecido carnaval vallenato con programas, “Informando el Carnaval, y “El porrazo del Carnaval”.

Desde  allí destellaron  las figuras de Jorge Oñate, Los  Zuleta, Diomedes Díaz, Rafael Orozco, Alberto Zabaleta, Omar Geles, Miguel Morales, Martin Elías y otros que no alumbraron  

 Hubo artistas que brillaron en este tablado y después se opacaron,  como “Ciriaco el sabroso” y los cómicos “Los Alacranes”, también  “Lucho Ranchera” y Eduardo David,  grabo como  cantante  de  la  orquesta “La Tropibomba” de Bogotá y no ilumino.      

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Gigante de la Canción vallenata de escasos 1.60 mts de estatura,  de San Juan del Cesar, La Guajira, en su mocedad  se despertaba y acostaba escuchando el folclor azteca, música que les encantaba a sus padres Víctor Carillo y Ana Vega.

Los mariachis Tenían su santuario en  américa a raíz del  cine mejicano  y  difusión de la radio, esta colonización musical llevo a  Carrillo a cantar los corridos y rancheras  de Pedro Infante, los combinaba  con sus melodías vallenatas  y las de Julio Vásquez, Carlos  Huertas , Escalona.

“Tijito”, así  fue conocido desde su infancia por su baja estatura, no acompaño a su papa como albañil y muy joven  administro el Billar “El Siboney” , ubicado en la calle del embudo de San Juan ,  conoció a Eugenio Fragoso quien se lo llevo como  ayudante  de un  camión mixto de pasajeros “ El Calancala”,  primero por  la zona rural de San Juan, Zambrano, Corral de Piedras, El  Totumo, Los  Cardones,  El Limoncito, Guayabal, en esta última población  conoció a Ligia Vega,  dama que le  prendió la musa y compuso , “La Guayabalera”, canto que  grabo primero el,  con “Colacho”, después los Zuleta, por esta canción llevo  al altar a Ligia , con el matrimonio  evadió  el servicio militar, redadas en las que cayo y se voló tres veces.

Carrillo Vega, fue ayudante  del camión  “La Golondrina” y  chofer de “El Monarca”, nombre en alusión  a su primera canción compuesta a la edad de 17 años a Ana Bermúdez, su destino era Valledupar, en ese ir y venir conoció a la persona que lo dio a conocer en la música, “Colacho”.

Nicolás  lo descubrió,  lo trajo a vivir en Valledupar, lo muestra  en los principales sitios de parrandas del templo vallenato, lo llevo a grabar a Barranquilla  en  los 60, dos  álbumes, para “Sonolux” de Medellín, ahí  están  condensadas su más consagradas canciones, “

Su canto más popular  “La Cañaguatera”, se la compuso a  Edubys Guillen, quien residía en el tradicional  barrio Cañaguate de Valledupar, los arreglos fueron de “Colacho” la grabo Alfredo Gutiérrez 1970, internacionalizada por  Carlos Vives en 1993.

Gutiérrez  le grabo “El 10 de Enero”, canto  a una sabanera que iba  para Venezuela, lo dejo abandonado para esa fecha en lo más alto de la serranía del Perijá.  

Compromisos de  Mendoza  en sus grabaciones y amistad con   Escalona y Pedro García,  llevaron a Carrillo a buscar  otros horizontes,  se une a los “Los Playoneros del Cesar”, integrada en el acordeón por Ovidio Granados, canto de Rafael Sánchez y  Miguel Janeth, estos ante una enfermedad hepática de  Ovidio  lo reemplazan por Florentino Montero y Carmencito Mendoza, ambos ya fallecidos.

Carrillo siguió leal a Granados, Grabaron en 1973 12 canciones, se destacaron “La Trampa” de Eliecer Fragoso y “Negrita Linda” de Carrillo, después la grabo Diomedes.

Isaac Carrillo a sus 80 años sigue de “Flor en Flor” cantando el folclor del Valle a “Las Mujeres”, porque a “A Tuyo Tu”, con la Razón o sin ella,  él hace parte de los juglares de mi tierra.

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Uno de los personajes clave en los orígenes del vallenato, fundamental como músico, creador, compositor, trashumante, colonizador de espacios musicales en la región del caribe colombiano.

Los padres de Sebastián eran Pedro “Perucho” Herrera, acordeonero, de San Roque, “Perucho” nunca quiso   que su hijo fuera acordeonero,  y  Vicenta Guerra, oriunda de Rincón Hondo; ambas poblaciones situadas en el centro del departamento del Cesar, corregimientos de Curumaní, pero con mucho más acercamiento con Chiriguaná.

Sebastián como todos los acordeoneros de la época  nació en un hogar muy pobre,  en  Rincón Hondo  en 1880 y muere a los 57 años, el 10 de septiembre de 1937, sus hermanos fueron, Miguel, tamborero, Luis, ciego, narrador oral, e Isaías, quien fue su cajero y tamborero.

Se vio obligado a salir  exiliado de su región  porque en Chiriguaná denunció en decimas un hecho de corrupción, un negocio de ganados donde estaba implicada la mujer del alcalde, otros dicen que fue por un piropo  lanzado por él  cuándo pasaba por su lado la misma dama, por estos hechos fue puesto preso, pero  escapo con la complicidad  de amigos quienes lo ayudaron a esconderse, a partir de allí comenzó su periplo musical.

En  correrías por la zona bananera y Los Montes de María divulgó todo el acontecer diario de la región como verdadero juglar, en San Jacinto su hermano  Isaías  conoció a una campesina que atendía una mesa de fritos a la entrada  de una cumbiamba  a donde fueron invitados, se enamoraron y tuvieron un romance  fugaz del cual nació el acordeonero más auténtico que ha dado San Jacinto y toda la región de Los Montes de María,  Andrés Landero Guerra, Isaías siguió su camino musical al lado de su hermano, nunca supo de su hijo, Landero no conoció a su padre.

Sebastián fue  un juglar que trato  la temática social con agudeza, compuso la canción “La cedula electoral”, son donde enumera los desaciertos del presidente Abadía Méndez, 1926-1930, amigos  y músicos de la época atestiguan que una de sus  canciones más famosas “El Higuerón”, canto que apareció años más tarde bajo la rúbrica de Abel Antonio Villa, Guerra hizo esta melodía  muchos años antes que Abel Antonio naciera.

Comenta  Simón Martínez, que otras canciones de la autoría de Guerra, aparecen  bajo el nombre de otros autores,   “El Caballo Pechichón”, que está a nombre de Julio Erazo.

Dice Tomas D Gutiérrez, que el canto, “El que no conoce el tema sufre de engaño, es de Sebastián Guerra  magistral interprete del acordeón,  Juan López de La Paz, Luis Martínez y  “Pacho” Rada, aprendieron con sus notas.

En 1928 en Cartagena  fue abordado por un  disquero gringo para  grabar su música, Guerra desechó la idea por  la travesía de 3 meses en barco para llegar a Usa.

Fue  asediado por las mujeres, por su promiscuidad   sexual  contrajo  la enfermedad venérea, de moda y mortal por aquellos tiempos, busco incesantemente  la cura  con botánicos, médicos, brujos, rezanderas, hasta el indio Manuel María, todo fue infructuoso.

Regreso a morir a su pueblo, según testigos  fue enterrado en la Sierrita, caserío aledaño a Rincón Hondo,  Sebastián Guerra fue  rey  de la composición, el merengue y el paseo vallenato.

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Samuel Martínez nacido en la hacienda las cabezas en El Paso, era hijo de Pedro Nolasco Martínez vaquero, decimero y acordeonero, como su hijo; se rumoro que Pedro fue rival del diablo.

Samuel vivió en el corregimiento de La Loma,  es autor de canciones como  “Potrerillo”, y “La Loma”, la primera  inspirada en  líos de faldas y trifulca por  celos acaecidos en esa  población.

Potrerillo, es un corregimiento de El Paso, allí se instaló una compañía multinacional  exploradora  de petróleo en búsqueda del  oro negro en ese sitio, detrás de la compañía petrolera  llegaron  miles de personas aventureras de diferentes partes y actividades, principalmente cachacos, quienes pusieron ventorrillos de toda clase alrededor del campamento, lo que más abundo fueron las cantinas que sonaban en sus bocinas, rancheras, tangos, valses y  ritmos lejanos al gusto provinciano.

 Los bares atraían clientes con despampanantes y voluptuosas meretrices del interior del país, que seducían a los hombres de la región con sus atributos, ellas también quedaban impactadas con el porte del hombre caribeño, esta situación despertaba los celos  de los maridos de las damiselas que trabajaban en los prostíbulos, se sentían engañados con los nativos; como consecuencia los maridos celosos apuñalaban a los costeños   que a su vez aporreaban  con garrotes y piedras a sus contrincantes cachacos, se armaban unas muñequeras monumentales.

El propietario del bar, “Guayabo Eterno”,  ideo  la presentación  de Samuel Martínez en su negocio, era el músico de moda,  presento su repertorio  ante un  público disímil  en gusto musical y ante el suyo que lo aclamaba.

Las expectativas  del dueño de, “Guayabo Eterno”, se cumplieron, el público atiborro el pequeño local para escuchar y deleitarse con las notas  del “El Negro” Martínez.

Cuando  festín estaba en su punto máximo,  sucedió el presagio que se temía, desorden y desespero total, todos corrían a distintas partes sin  ninguna dirección, buscaban guarecerse  ante el peligro que se cernía.

Este caos en la cantina lo suscito  un  hombre celoso traicionado, noto que la mujer  de sus amores le coqueteaba a Samuel  quien correspondía a la insinuación  con su música  y ademanes, esta situación enardeció al cachaco quien  herido en su ego varonil, inmediatamente desenfundo su arsenal  de armas blancas, blandió; puñaletas, puñales, dagas y cuchillos,  fueron lanzadas  directo al corazón del músico, estas  impactaron en el fuelle y al lado del acordeón  de “Samuelito”, quien parecía una saeta elástica y  maromera, sorteo el bombardeo  como el mejor bailarín.

Amigos ayudaron  a escapar  a Martínez del peligro, mientras  el resto del público asistente detuvo al marido celoso, le dieron una soberana paliza por haber acabado con la fiesta y atentar con la vida del artista.

Años más tarde los relato de estos  hechos los  conocimos  en  registro musical minucioso que compuso Samuel Martínez,  canción que lleva el nombre de la población,  “Potrerillo, la  grabo “Colacho” Mendoza, tuvo otras  versiones, hoy es canto antológico de la música vallenata.

A potrerillo yo no vuelvo más /pa librarme de una puñala’a/a potrerillo no voy ni amarra ‘o/porque ese pueblo está muy contagiao.   

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De  las serpenteantes tierras del Valle del Aburra y su capital Medellín, llegaron hasta la población de Salamina en el Magdalena, el matrimonio paisa conformado por  Miguel Madrid y Celia Matilde  Orrego, vinieron  buscando nuevos horizontes en estas prodigas tierras, allí echaron raíces con sus 7 hijos, entre los cuales se destacaron   Manuel, clarinetista y saxofonista  y Juan Esteban  Madrid Orrego, guitarrista,  nos referiremos a este último por sus importantísimos  aportes al folclor vallenato

Miguel Madrid, término de criar sus hijos con cultivos de pan coger, sembraba en una parcela  de tres hectáreas  a orillas del rio magdalena, los jóvenes le decían, “El Compa sin Amigos”, por su rigurosidad, al no  dejarse  robar sus productos de la muchachada.

En sus ratos libres, Miguel  tocaba guitarra, su hijo Juan, heredo esta  afición,  se convirtió en diestro intérprete del instrumento del cual vivió el resto de sus días.

Luis Enrique  Martínez, quien  siempre andaba en correrías musicales por  la región, llega a Salamina amenizar fiestas y parrandas, Juan, tímidamente  se le  acercó  a que escuchara su ejecución de la guitarra, Martínez accede y quedo impactado por la habilidad interpretativa  de este  joven, inmediatamente lo incorporo a su agrupación.

 Madrid se traslada a vivir al municipio del Copey  lugar de residencia de  Luis Enrique, esta población para la época era  el epicentro del vallenato al ser pueblo fecundo en ganadería, los dueños de las fincas eran amantes de la música vallenata y generosos con sus intérpretes, los músicos en reciprocidad  premiaban a los ganaderos con canciones que hoy son antológicas del folclor.     

En sus giras por todo por el caribe, Madrid conoció  en  San Juan, La Guajira, a la mujer que sería su esposa, Silvina María González, con ella tuvo 7 hijos.

Juan Madrid es contemporáneo  de otros guitarristas brillantes como, Guillermo Buitrago, Julio Bovea Fandiño, Julio Vásquez.

Se destacó  Madrid, por ser de los primeros guitarristas en adornar  con sus compases la música vallenata, en parrandas y grabaciones, al lado del acordeón de Luis Enrique,  con el mantuvo una estrecha relación musical por treinta años.

Quedan registros fonográficos que  él fue iniciador en la música vallenata  al lado de “El Pollo Vallenato”, en hacer  segunda voz, voz acompañante y contralto, sin dejar de ejecutar  la guitarra.

Se hizo técnico de acordeones viendo a Luis Enrique Martínez reparar los suyos, “Juancho” , conoció tan bien el acordeón, que creo una cartilla sobre la composición melódica del instrumento por su referencia, adg o cinco letras, hacía o reconstruía un acordeón  según las necesidades del acordeonero.

En sus últimos tiempos vivió  de este oficio en Barranquilla, arregló acordeones de Julio Rojas, Rafael Ricardo, Aníbal Velásquez, Dolcey Gutiérrez, y todo el que requiriera de su sapiencia   

Esta actividad le produjo cáncer en la garganta, al carecer de un fuelle de pies  que  succionara  la cera química que brota de las peinillas del acordeón al ser limadas, él  inhalaba  estos residuos con la boca, a consecuencia de esta práctica murió en la arenosa  de 65 baños en 1992.

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La decisión de la Fundación Festival Vallenato de otorgar el máximo reconocimiento del próximo evento a Carlos Vives,  un sector de la población, con todo su derecho, ha opinado  en contra de esta determinación considerando  que  hay otros con mejor hoja de vida.

Lo malo es el manejo sesgado que han hecho de  datos históricos para minimizar la trascendencia de Vives  en la difusión de la música vallenata en el exterior  y ponerle charreteras a otros que no las necesitan.

El propósito del festival en sus inicios fue promover  la música vallenata  en el plano nacional, no había nada que preservar,  todo estaba intacto, los músicos nuestros tocaban en los patios de las viviendas, los salones de bailes eran para orquestas, Aníbal Velásquez y  Corraleros de Majagual.

De esta última agrupación hizo parte Alfredo Gutiérrez, tuvieron  aceptación aquí y en otros países,  su repertorio fue sabanero, llanero, panameño, tocaban todo lo que estuviera de moda, twist, yeyé, gogo, inclusive rancheras.

Los pocos vallenatos que grabaron Los Corraleros los interpreto Calixto Ochoa, Alfredo no lo sabía tocar, era de la escuela guarachera  de Aníbal Velásquez, del cantante mejicano “rey del falsete”  Miguel Aceves, Gutiérrez  fracaso grabando  vallenatos en ranchera.

Por discordia con  Los Corraleros, Alfredo Funda  la agrupación, “Alfredo Gutiérrez y sus Estrellas”, graba  tres 3 álbumes,  solo   impacta con “La banda Borracha” ni el compositor Wilson Sánchez ha podido definir que ritmo es.

Con “Alfredo Gutiérrez y sus estrellas”  no grabo un solo vallenato, fue un rotundo fracaso para la disquera “Sonolux”,  lo mismo que “Los del Cesar”, con la cual Gutiérrez se quiso reivindicar, no lo logro, sonó únicamente “El Pajonal”, en la voz de Leonel Benítez, Alfredo no confiaba en la música vallenata.

Por recomendación de su paisano Aniceto Molina, quien le gano un mano a mano en el programa “El Porrazo del carnaval”, en Radio Guatapurí, llega a la disquera “codiscos” copiando  el estilo de Molina, en esa disquera decide incursionar en la música vallenata con compositores de la región con nuevo lenguaje,  lo hace agregándole instrumentos ajenos al folclor, tumbadora, bajo, coros, uniforma a su músicos, él se viste de frac,  obtiene un rotundo éxito, lo llamarían “El Rebelde del Acordeón”

La ortodoxia vallenata lo excomulga por  profanar la esencia del folclor, emisoras de radio en  Valledupar no incluyen su música  en  programas donde sonaban, Luis Enrique, Alejo, Calixto; impone éxitos como “Matilde Lina”,  “La “Cañaguatera”.

 Con estos argumentos se presenta en 1969 festival, gana “Colacho”, Alfredo sale  vapuleado en primera ronda, al no saber interpretar los aires vallenatos.

Reconoce sus falencias en la ejecución vallenata  busca maestros para aprender, Luis Enrique,”Colacho”, Miguel López, Miguel Ahumada; gana el festival en 1974.

Su afán era tener éxito en otros formatos, inventó “Los Caporales del Magdalena”,  agrupación fugaz, como también fueron  efímeros, “Los Revolucionarios”, con el cual grabo dos discos de salsa que nadie conoció.

Cuando Alfredo Gutiérrez modifico el sonido vallenato hubo resistencia,  hoy su música es considerada antológica vallenata, ¿y porque con  el vallenato de Vives, no puede suceder lo mismo?  

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Con este rimbombante nombre se conoce a las personas que tienen como oficio llorar a los muertos ajenos  a cambio de cualquier dadiva,  es una actividad que viene de tiempos inmemorables, algunos ubican su origen en África, otros en Europa, cuando personas adineradas pagaban a otros, ajenos a su círculo familiar, para que lloraran a sus muertos.

También son  conocidas como plañideras o rezandero de difunto,  ellos tenían mucha actividad en tiempos pasados, era común que  los dolientes que velaban a sus muertos y hacían novenario en sus casas los contrataran  para amenizar  las nueve noches, era todo un espectáculo, allí se reunía toda la gente de la población o del barrio si el velatorio era en  una ciudad;  se encontraban los amantes fortuitos, se daban cita los novios, se hablaba de política, del vecino, del cantante ,del acordeonero, del disco de moda, de la esposa infiel, de la mala situación, del vecino, del festival o el carnaval, se hablaba de todo menos  del difunto.

Se pasaba una velada agradable, Jugando domino o barajas, el licor era compañero permanente  se tomaba  café, brindaban  galletas acompañado de chocolate, la risa era remedio infalible escuchando a los  cuenta chistes, que existían de profesión para estos evento, en Valledupar es famoso el nombre de “El Negro Velorio”, contrastaba la alegría de los acompañantes, con el negro riguroso y dolor de los dolientes, el plañidero en medio del llanto resaltaba la personalidad y hechos íntimos o importantes del difunto.

El velatorio en funerarias ha acabado con esta gente que iba de pueblo en pueblo a lamentarse por los muertos ajenos.

De esta especie en  extinción conocimos a Carlos Enrique Núñez, de 70 años, llego a Valledupar procedente de su tierra, Magangue, muy niño aprendió esta actividad viendo a sus padres, se volvió errante a muy temprana edad, jamás volvió  a su pueblo.

Trabajador de un pequeño restaurante  como mesero, el comensal se sentía agradado por la afabilidad, jocosidad,  alegría y atención del jovial anfitrión.

Núñez alternaba  su trabajo de mesero  con el de escultor de honras fúnebres en el cementerio nuevo de Valledupar,  iba todas las tardes después de la una, rezaba, limpiaba las tumbas, las pintaba, por una suma de dinero cómoda,  decía que iba a consolar con rezos y llanto a las animas abandonadas,  para dramatizar el dolor simulaba  privarse a cambio de una bonificación extra, inclusive dice la dueña del restaurante donde laboraba, que les llevaba comida.

Esta historia fue conocida por un periodista quien  elaboro una crónica con sus vivencias y la musicalizo con canciones adecuadas a su trabajo con los muertos, “Nadie es Eterno”, “La muerte de Abel Antonio”,  “Los Entierros de mi pobre gente Pobre”.

 La crónica se  transmitió por radio Guatapuri,  Carlos Enrique la escucho, se sintió feliz, contento e importante, comento que ahora si le estaban dando importancia a su labor, pero la  alegría le afecto el corazón, fue llevado al hospital donde murió, hoy acompaña a las ánimas abandonadas que el tanto consolaba. 

Publicado en Celso Guerra Gutierrez
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