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Vallenato, cultura universal Destacado

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El camino para que esta música vernácula llegase a ser parte del patrimonio inmaterial y cultural de la humanidad, como lo reconoció la UNESCO ayer, no comenzó hace apenas un par de años, como pudiese pensar cualquier desprevenido.

Tiene cerca de doscientos años de haberse iniciado cuando los primeros acordeones ingresaron por el puerto de Riohacha, a mediados del siglo XIX (1850 – 1854), traídos por marinos europeos, y recibidos e incorporados a las manifestaciones musicales preexistentes de esa vasta región geográfica que comprende los territorios de los departamentos de La Guajira, El Cesar y Magdalena, antiguamente agrupados en el llamado Magdalena grande. En esa región también denominada la provincia del Valle de Upar y Padilla, o simplemente “La Provincia”, surgieron los primeros acordeoneros que, a lomo de mula y por caminos polvorientos, y, ante la inexistencia de otro medio de comunicación, hacían las veces de razoneros entre habitantes de poblaciones alejadas y aisladas, como Atánquez, Patillal, Machobayo, Cotoprix, Cimarrón, Los Pondores, El Molino, la Jagua del Pedregal, Villanueva, El Paso, Plato, El Banco, y, naturalmente, Valledupar, su epicentro y meca por antonomasia. De allí esta música inició su expansión inatajable por toda la Costa y por todo el país.

En esta lista de precursores cabe mencionar a José León Carrillo, Cristóbal Lúquez, Abraham Maestre, Agustín Montero, y, por supuesto a Francisco Moscote, más conocido como Francisco El Hombre, sobre el cual existe la ya inmortal leyenda de haber vencido al maligno en un duelo musical, a punta de acordeón, tocándole el credo al revés. Asimismo, no pueden excluirse nombres como los de Eusebio Sequeira, Ramón Zuleta, Fortunato ‘Fruto’ Peñaranda, Francisco ‘Chico’ Sarmiento, Luis Pitre, Francisco ‘Chico' Bolaños, Juancito López, Fortunato Fernández, Fulgencio Martínez, Juan Muñoz, Eusebio ‘El Negro’ Ayala, Francisco ‘Pacho’ Rada y Carlos Araque, entre muchos otros precursores de esta mágica música que hoy le da la vuelta al mundo.

Después de esta primera generación de cultores vallenatos, surgiría una segunda línea conformada por figuras más conocidas como Tobías Enrique Pumarejo, Lorenzo Morales y Emiliano Zuleta Baquero, autor de la canción vallenata más conocida en el mundo, “La gota fría”, y padre de la dinastía a quien, con justa razón, el próximo Festival de la Leyenda Vallenata le rinde homenaje el próximo año.

Pero para que este universo de juglares y cultores, rico y variado en vertientes del vallenato, tuviese bases sólidas y perdurara en el tiempo, era necesario sentar sus cimientos, edificar su arquitectura, darle soporte y vocación de permanencia. Por ello, cabe afirmar, sin lugar a duda alguna, que fue la creación del Festival Vallenato la piedra angular para que este género pasara de ser una música marginal, excluida y rechazada por las élites, a lo que es hoy: la música más popular, la más incluyente y la más representativa de Colombia. Gracias al Festival Vallenato, al trabajo decidido de sus creadores Rafael Escalona, Alfonso López, Consuelo Araújo y Miriam Pupo, así como de ese matriarcado laborioso encabezado por la propia Cacica y su cohorte de hormigas como Cecilia “La Polla” Monsalvo, la inolvidable Lolita Acosta, Nora Angarita, Omaira Herrera y Lourdes Baute, entre otras infaltables mujeres, que al lado de figuras como Andrés Becerra, Darío Pavajeau, Gustavo Gutiérrez y Tomás Darío Gutiérrez, se construyó la estructura que hoy sostiene los pilares de esta música que ingresa, por derecho propio, a la categoría de la cultura universal, al lado del tango argentino, el mariachi mexicano, el flamengo español, el teatro siciliano, el fado portugués, o la ópera Kunqu de China, entre otros patrimonios intangibles de la humanidad.

Por supuesto, no puede desconocerse el trabajo realizado por el cluster de la música vallenata y el ministerio de Cultura para lograr que la UNESCO incluyera al vallenato en la Lista de Patrimonio Cultural Inmaterial en necesidad de salvaguardia Urgente. El cluster, cabe decirlo, continuó el camino ya labrado por los gestores cultores ya mencionados y por el mejor cronista del género, García Márquez, en sus libros y relatos.

No es momento de divisiones, sino de unidad. En adelante, toda la institucionalidad del vallenato (Fundación, Cluster y ministerio de Cultura) debe trabajar armónicamente para cumplir los compromisos derivados de la declaratoria de patrimonio cultural de la humanidad. En primer lugar, revisar el estado actual de la música. La evidente decadencia de las composiciones vallenatas que han perdido lirismo y narrativa, y caído en lugares comunes, banalidad y superficialidad. El mensaje de la UNESCO es a preservar la tradición, el vallenato en su versión más autóctona, más decantada. A conservar sus raíces. Hacia esta finalidad debemos trabajar todos unidos: compositores, artistas, intérpretes, medios de comunicación, industria musical, porque la tarea aún no termina.

Puede escuchar audio aquí:

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