Valledupar (cesar) . 06 de Septiembre de 2008. 10:36 p.m.
El Jefe de Estado parodió a Jhon Cotes, quien en su libro Urgencia distingue la complacencia que un estado muy negativo, la falsa urgencia que muy perjudicial y la necesidad de detectar la real urgencia que es un imperativo.
A Uribe le mereció especial capítulo el tema de la justicia, sobre el que se debe tener un diálogo claro con el país, un diálogo de razones. Aseguró que su gobierno no ha tenido complacencia para reformar 311 entidades del Estado, conjurar problemas, ser competitivos y estar a tono con los avances avasalladores del mundo.
Uribe abogó por un Estado Comunitario dentro de un espíritu reformista, por un país seguro donde la justicia recupere su monopolio que había perdido a manos de los grupos violentos, donde haya confianza inversionista con responsabilidad y política social. Es de la mayor gravedad que la Corte Suprema se cierre a hacer reformas, observó el Jefe de Estado, consciente de que la falsa urgencia es la pelea personal y la real urgencia reformar las instituciones.
Cuando se oculta la discrepancia en presencia de problemas lo que puede ocurrir es que se agraven los problemas en vez de resolverse, aseveró el Presidente Uribe, al reiterar sus críticas a sentencias que consideró dañinas a los procesos de orden público, lo que contrasta pues el gobierno es el director de esas políticas.
El Jefe de Estado aplaudió la actitud de muchos Jueces al darle un tratamiento igual al paramilitar y al guerrillero, pues todo crimen es condenable, provenga de donde provenga, para diferenciar entre los dos actores como lo ha hecho la Corte Suprema de Justicia.
Uribe se mostró preocupado por una cosa jurídica en Colombia sin dejar de ser franco ni hipócrita en aras del respeto, cuando prevalece una retención domiciliaria por cohecho sobre una medida de aseguramiento por secuestro, en el caso de la señora Yidis Medina, para pasar del espectáculo del agravio al examen de fondo de los problemas, y le exigió al Presidente de la Corte contestar jurídicamente y no con agresividad ni animosidad personal.
La autoridad nace no del hecho de invocarla sino de ganar la autoridad moral, de reconocer la razón o la sinrazón que nos asiste o le asiste al otro, punto que exige un debate de fondo.-